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'A la deriva' en el Grace
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en en 4 abril, 2021
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Volver a Londres resultó muy significativo para los Fitzgerald. Cuando compraron la barcaza —la que sería su hogar en los siguientes dos años— en el muelle de Chelsea, la idea no era tener una propiedad. No podemos olvidar que tanto «los Knox como los Hick no creían en el lujo o el confort; se enorgullecían de su independencia, de su estoicismo, vivir de su ingenio» (Hermione Lee, Penelope Fitzgerald. A life). Penelope no quería ayuda de nadie ni depender de su marido para vivir. «Se convirtió en devota de sus hijas y de ella misma». Además, la idea romántica de vivir en un barco le parecía idílica, siempre tuvo ese sentimiento bohemio. Nada más lejos de la realidad; la situación fue desalentadora, difícil y, hasta el punto, peligrosa.

Este periodo quedaría reflejado en su tercera novela, A la deriva (Impedimenta, 2018), publicada en 1979 y que le haría ganar el Booker Price. Fue la última novela que basó en su propia experiencia de vida y desde un principio da a entender el grado de desesperación al que se sometió debido a su situación:

Pero, atestado de ratas y descuidado, seguía siendo un muelle. La orilla del río, donde los fantasmas de Virgilio extendían los brazos, anhelando cruzar al otro lado; donde a Dante, un hombre vivo, se le denegaba el acceso al transbordador, y donde unos pocos tablones señalaban el punto de encuentro entre la tierra y el agua, era, sin duda, un buen lugar para detenerse y reflexionar, incluso aunque, como le pasó al padre Watson, uno tropiece con una lata de cincuenta litros de creosota.
A la deriva
'A la deriva', publicada también en Impedimenta, relata la vida en una barcaza a orillas del Támesis con todas sus adversidades.

Leer A la deriva implica que el lector está dispuesto a admitir la madurez en la narrativa de Fitzgerald, así como permanecer en vilo ante la adversidad de querer manejar tu vida según tu propio juicio y salir adelante, pagando un precio muy alto. Ser conscientes de que hay que asumir una serie de condiciones y que el esfuerzo, posiblemente en vano, es el camino para conseguir someterse a ellas. Quizá sea la obra que más ilustra, de todas las que basa Fitzgerald en su propia experiencia de vida, ese hermetismo y esa «verdad» reservada que le caracteriza. Hay una frase de la madre Ignatius a Martha, la hija mayor de Nenna James —nuestra heroína—, que puede sintetizar uno de los mensajes más importantes de la novela:

—Todo lo que puedas aprender es útil. ¿No sabes que todo lo que aprendas y todo lo que sufras te resultará útil en algún momento de la vida?
A la deriva

La protagonista, Nenna James, vive con sus dos hijas, Martha, de 11 años, y Tilda, de 6, en una barcaza en el embarcadero de Chelsea, a orillas del Támesis. Su marido las abandonó, dejando que Nenna luchara sola contra su fragilidad emocional. El paralelismo es evidente, aunque la ficción que se nos presenta induce más a imaginar un modelo de vida propio, decidido, al que aferrarse hasta el último indicio de salvación. Comenzando por la crudeza del día a día en el Grace —inviernos fríos y húmedos, con filtraciones de agua, sin espacio apenas para llevar una vida hogareña—, nuestra protagonista debe convivir con la soledad del abandono, de la incomprensión y de cuestionarse el «porqué». Fitzgerald nos ofrece una coralidad que va, precisamente, «a la deriva», personajes que tienen una predilección por la tranquilidad y el hermetismo de la comunidad y la sensación de vivir al límite.

Curiosa, además, es la presentación de todos esos protagonistas que darán voz a lo que Penelope Fitzgerald considera «exterminados». La vecindad del embarcadero refleja una sociedad decadente, un fiel reflejo de la intención de la vida bohemia luchando por la supervivencia en un Londres que va evolucionando y que está pasando por un caótico ajuste —la descripción de King’s Road es ilustrativa—. Richard Blake, el galán, «ese tipo de hombres que lleva dos pañuelos limpios a las tres y media de la mañana», amante de la vida en el barco y casado con una mujer de agua dulce, prototipo de la sociedad de clases y que quiere vivir en tierra, en una buena zona de la ciudad. Maurice, el independiente, homosexual en venta que vive según su instinto y que está metido en asuntos turbios sin importarle las consecuencias; la viva imagen de la tolerancia, aunque destaca el hecho de que solo Nenna y sus hijas saben a qué se dedica Maurice en su tiempo libre. El señor Willis, un artista venido a menos, que representa el lenguaje del artista, un concepto que Penelope Fitzgerald siempre introducirá en sus obras debido al amor que esta le profesa (no podemos olvidar que Nenna toca el violín).

Solo encontramos dos personajes infantiles, pero quizá sean los más adorados por los lectores de Fitzgerald: Martha y Tilda, las dos hijas de Nenna. Son el claro ejemplo de la visión de Penelope sobre los niños, a los que adora. Con una madurez que, a veces, resulta irritante, las dos hijas de Nenna viven libres —magnífica descripción—, no soportan la educación que reciben en los colegios porque consideran que la vida está más allá de las cuatro paredes de la institución, pero por motivos totalmente diferentes. Tilda, la pequeña, ama la vida en el barco y a pesar de la sensatez que le caracteriza, vive aún en su mundo —propio de los niños de 6 años— e imagina historias en el mar subida al mástil del Grace. Martha, por otro lado, sabe que su madre se debate entre la locura y la prudencia, entre la desesperación y la aceptación de la soledad, y no se permite dejarla sola. Los patrones, como vemos, se repiten en las novelas de Fitzgerald, aunque sabe perfectamente hilar la ficción sorprendente con la inteligencia del lector.

La situación matrimonial de Nenna hace aguas en su mente aunque hace tiempo que ya naufragó, como puede observar el lector. Es el hilo fundamental de A la deriva: tierra y agua, rescate y desastre. Esta contraposición permanece latente a lo largo de toda la novela: la desolación de vivir sola habiendo sido abandonada, no tener noticias ni un apoyo moral —los habitantes del muelle no entienden perfectamente la situación—, está desequilibrando y destruyendo la poca sensatez que le queda a Nenna James. Sabe que tiene que salir adelante; es una persona manipulable —su familia, su hermana, le está llamando constantemente para que vayan a vivir con ella y su marido millonario—, pero no admite ayuda de nadie. Solo necesita un reconocimiento.

Adaptación para MML de 'A la deriva'
—Solo quiero que ceda un poco. ¡Solo quiero que diga que he hecho bien al encontrar un sitio donde vivir!
—Usted depende mucho de los elogios, señora James.
—Según de quién vengan, señoría.
—¿Se la podría calificar de zorra obstinada?
A la deriva

Una «zorra obstinada» por no caer. No solo vemos el esfuerzo por salir adelante, por conseguir las metas que uno se propone. También observamos las humillaciones, muchas de ellas indirectas, que se plantean en A la deriva. Claro ejemplo es el grito demoledor, después de una escena romántica en aquella habitación en la que se hospeda, que consigue su propósito, de Edward a Nenna cuando ella le encuentra: «¡Tú no eres una mujer!». El lector sabe que llega la derrota, en parte. Porque la moraleja que Penelope Fitzgerald introduce siempre en sus escritos es clara. Las oportunidades que se pierden conllevan perder tu propia dignidad al no aprovechar el momento de conseguir aquello que deseas. Una máxima que nunca pasará desapercibida en la vida de Penelope Fitzgerald.

«¿Por qué, después de todo lo que se ha aducido ante este tribunal, no ha hecho usted ni un solo intento de visitar el 42b de Milvain Street?». Nena deseaba contestar que no era por los motivos previsibles: ni por orgullo, ni por resentimientos, ni siquiera por las particularidades adquididas de quienes vivían en el río, que les impedían sentirse cómodos en las calles de Londres. «No, es porque esa es mi última oportunidad. Mientras la conserve, puedo pensar en ella y contar con ella y apoyarme en ella. Si la pierdo, ya no me quedará nada por intentar».
A la deriva

De todas las novelas basadas en su experiencia real, A la deriva es la más dramática y en la que se aprecia una angustia personal expresada de una forma muy directa. El cierre del libro es la sensación de ahogo personal, de la necesidad del escape convertida en obstinación por empezar de cero. Esa mezcla de ansiedad, pena, de no saber cómo salir del agujero, permanece en la mente hasta que uno mismo recapacita y entiende la situación. Es magnífico el camino que Penelope Fitzgerald recorre para introducir su literatura en un estilo profundo, lleno de un significado recubierto por una historia sencilla, recta, en la que plasma una personalidad propia y un carácter firme y constante.

Las adversidades que Mops sufrió en este periodo de su vida se dejan ver en obras como A la deriva, sin desestimar el reservado entendimiento de la privacidad. Fueron muchos los problemas que se ficcionan en la novela, aunque ella se mantuviera reticente a hablar de ellos en vida. Los problemas matrimoniales, la educación de sus hijos —Valpy ya tenía 14 años, estaba estudiando fuera y casi pasó desapercibido en estos dos años—, sobre todo de Christina y Maria, su idea del Londres bohemio como modo de vida, fueron aspectos que marcaron unos meses de incertidumbre, tristeza y, por qué no decirlo, peligro e inestabilidad. Era una Knox. Era una Hicks. No podía fallar, debía salir adelante. Como Nenna, tenía una responsabilidad con y para ella, su familia, y debía hacerse cargo de la situación.

Una mañana de 1963, cuando despertaron en el Grace, constataron que las cosas podían ir a peor. Había agua dentro de la habitación de las niñas. Bien podía ser el final de A la deriva, o un guiño al hundimiento del barco del señor Willis. Pero fue el impulso necesario para ese nuevo comienzo, ya en tierra firme, y que no solo constituiría un cambio de domicilio, sino en la vida de los Fitzgerald y, como veremos, en la literatura de Penelope Fitzgerald.

Siguiendo el camino
La librería de Southwold

Penelope Fitzgerald

  1. Presentación
  2. En palabras de Hermione Lee
  3. Un camino que recorrer
  4. Voces humanas en la BBC
  5. La librería de Southwold
  6. A la deriva en el Grace
  7. Siguiendo el camino
  8. Una Inocencia Shakespeariana
  9. Personajes y El inicio de la primavera
  10. Fe y ciencia cruzan La puerta de los ángeles
  11. El genio basado en el genio: La flor azul
  12. En palabras propias


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