‘Las andanzas del agente secreto Shípov’, de Bulat Okudzhava

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MÁS QUE PALABRAS

La ficción histórica puede unir una realidad pasada ―hechos, estados y situaciones― con un viaje epistolar a la ironía literaria, la denuncia elegante del poder absurdo y el lenguaje más elaborado. Bulat Okudzhava lo consigue en una original fantasía histórica escrita con maestría a raudales: Las andanzas del agente secreto Shípov.

Las andanzas del agente secreto Shípov', de Bulat Okudzhava, novela publicada por Automática editorial

Siempre ha causado mucho interés, sobre todo a los lectores del género, la narrativa que navega por los hechos históricos de la Rusia zarista. Más allá de la «emancipación», esa revuelta del 25 ―siglo XIX―, y de los movimientos que envolvían a las clases, la ficción ha resultado ser un elemento que tender con varias pinzas en la cuerda. Simplemente, la memoria está ahí, y el ser humano procesa, (in)voluntariamente, hechos constatados que rezuman sentimientos encontrados.

Encontrar una narración ficticia que no asuma, de manera directa, riesgos innecesarios para los más cerrados de mente, es algo a celebrar. Y si, además, divierte al público, pasa a ser considerada bien de interés lector. La obra que tenemos entre manos, Las andanzas del agente secreto Shípov, muestra el ejemplo de obra esencial literaria, de magna calidad estética. ¿Razones? Lenguaje, estilo, trama… En definitiva, Bulat Okudzhava.

De gatos y ratones

Vamos a hablar de juegos. Shípov, agente en ciernes venido en desgracia ―ya era un pobre diablo sin demostrarlo abiertamente―, cree ir en pro del sistema monárquico ruso, y mueve las colas de los ratoncitos que se juegan la vida por unos rabanitos y un vaso de vodka. Tabernero de mesa, sabe perfectamente que su «colita» también está cerca de ser acariciada, pero unos «billetes crujientes en su pechera» bien valen el riesgo.

«Excelencia, mi alma rebosa de lealtad y amor». El conde se acercó y se detuvo como quien se dispone a dar un salto. «Como quiera que sea, mon cher, no tienes más remedio que creerme», se dijo Shípov. «Eres más listo de lo que esperaba ―dijo Kreutz perplejo y cada vez más irritado―. ¿Bebes?».

En el momento en el que el lector entra en el juego, admira la elegancia con la que el Okudzhava aplica la metáfora a una denuncia de hipócrita admiración de aquellos que van en dirección al viento que más sopla. ¿Quién es siervo y quién es amo? Con «emancipación» o sin ella, el dinero siempre ha sido el arma de destrucción masiva de los ideales, sean los que sean:

Pero ¿cómo es que no me manda dinero? ¿Quién pagará la casa? Yo no trabajo por amor al arte. ¡Que ya no somos siervos!

Caos epistolar

Las maravillas de la literatura no son solo palabras bien escritas y colocadas en perfecto orden. Bulat Okudzhava sabe perfectamente cómo manipular el estilo literario y transformarlo en una obra de arte. Y lo hace en forma de misivas ―unas más secretas que otras― en las que la burla, la mentira y la hipocresía reina con la corona del caos informativo en favor de los intereses individuales. Unos intereses que albergan las ansias de ser quien más en todo.

Las andanzas del agente secreto Shípov es una extensa carta a la manipulación de la información ―no olvidemos que es una ficción literaria― en la que la cadena de mando sigue jugando a ese juego de caza tan popular entre los felinos. El autor se aprovecha de un personaje astuto y burdo, borracho e interesado, al que le pierden las faldas y el vodka, para plasmar una realidad pasada basada en el presente. La única diferencia es que Okudzhava maneja los hilos con una majestuosidad de vocabulario que sorprende hasta la saciedad.

De la perfección a la ficción

Puede que sea demasiado reiterativo en cuanto a calificar una obra como Las andanzas del agente secreto Shípov. Se trata de hablar de sensaciones, de los diálogos entre la novela y su lector, de los ofrecimientos y de las gracias a dar. Al finalizar la lectura, creo que es Bulat el que está dando las gracias a lector. Sí, es una sensación, quizá atrevida, quizá demasiado profunda.

Una opinión cualquiera, pero, posiblemente, Bulat Okudzhava haya agradecido al lector que se le permita narrar con entusiasmo. Elegir una ficción histórica no es fácil y, menos aún, escribirla con elegancia, de manera original y ofreciendo al lector todo, absolutamente todo. Perfección en el diálogo, en la construcción de personajes, en el lirismo del lenguaje. Puede ser irónico, como todas estas andanzas, pero quizá resuman la lectura estas dos palabras: L’amour tojours. Ahora falta saber si es al régimen zarista, a Tolstói o al vodka.

Libro publicado por Automática