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'Un cadáver en la mansión Sainsbury', de A. Fielding
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA en 27 julio, 2021
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Un cadáver en la mansión Sainsbury nos devuelve a una época de pipa y sombrero de tweed. Aún huelo la humedad de la niebla nocturna en los alrededores de The Nook. Suenan compases de humo y cocktails, melodías de clase e interés. El director, impasible, organiza los componentes de una orquesta en un concierto de sublimes misterios. A. Fielding nos deleita con una detectivesca de la Golden Age.


Escribir sobre clásicos siempre es complicado. Sea cual sea el género. Un amante, como me considero, de la novela de detectives —soy un espécimen raro, empecé por la negra radical— siente un exótico placer cuando abre una obra clásica de culto. Quizá muchos no consideren a A. Fielding como algo excepcional, escritora o escritor, escritor o escritora de los que merecen hacer historia. Más si nuestro querido Pointer ha sido responsable de veintitrés resoluciones criminales, creo que alguna mención deberíamos hacer.

Un cadáver en la mansión Sainsbury. Un misterio de la Golden Age escrito por A. Fielding y publicado por d'Época Editorial

Últimamente me viene mucho a la memoria cierta escritora de best sellers que, con su intromisión simpática, siempre termina ayudando a la policía —bastante torpe, es cierto— a resolver unos misterios un tanto rocambolescos. Curioso, ¿verdad? Quizá es algo banal, sin relación alguna. Un cadáver en la mansión Sainsbury no me resulta tan banal. Es más, resulta de lo más atractiva, interesante. No solo la historia en sí, sino la clase con la que Fielding habla. ¿Qué opinas, Jessica?

Pointer, sin más

Hablar de Un cadáver en la mansión Sainsbury es hablar de Pointer. Cómo explicar esta afirmación va a ser complicado. Conocer a Pointer provoca una serie de sentimientos encontrados en el lector que hace que no puedas separarte de él, pero, al mismo tiempo, desespera por la tranquilidad y la amabilidad con la que comprende y entiende a todos. Una máxima que resume el carácter de este afable inspector:

Pointer les observó con su típica mirada agradable e indiferente, que no revelaba nunca sus pensamientos más íntimos.

Sí, es cierto. Leer a Fielding significa ir de la mano de nuestro querido inspector. Sientes que eres su alumno, que investigas a su lado. Es cierto cuando Barasorda, en el prólogo a esta edición, afirma que «el lector tendrá a su disposición en la novela las mismas pistas que el inspector y podrá formular sus hipótesis deductivas a la vez que el detective». Creo, y es sensación de un servidor, que es el carácter de Pointer el que hace que permanezcamos junto a él. Esa calma con la que intenta escuchar y observar todo transmite paz y seguridad. Sí, estamos leyendo, es cierto. ¿O investigamos?

Este carácter es más sorprendente si analizamos el lenguaje de época. El señorío de las intervenciones, el clasismo y el respeto enmascarado, envuelven Un cadáver en la mansión Sainsbury en una atmósfera de sosegado desconcierto ante un crimen fuera de lugar. Sabes, intuyes, que nada es lo que parece y cualquier detalle puede torcer el rumbo. Pero uno se siente cómodo, tranquilo, y seguro de que la musicalidad y la pomposidad de un forzado carácter de ciertos personajes darán el toque esencial de maravillosa composición literaria.

De caracteres y elegantes sarcasmos

Además de la espléndida maestría que A. Fielding demuestra a la hora de narrar, la elección de ese lenguaje tan característico hace que el lector saboree, más aún si cabe, la esencia de la Golden Age de la novela de detectives. Pongamos como ejemplo la matriarca venida a menos, despreciada por ella misma y altiva en sus pretensiones:

Entonces, inspector jefe, ¿qué pasa ahora? ­—y fulminó con una mirada de indignación al detective—. Siempre he creído que una persona educada espera hasta que su interlocutor termine de hablar para replicar lo que le parezca oportuno. Nunca en mi vida me han interrumpido tanto como desde que me propuse ayudarle en esta investigación. ¡Una casi pensaría que no le interesa averiguar lo ocurrido!

Sin olvidar época y situación, no solo el autor utiliza un lenguaje digno de la mejor literatura, sino que aborda la trama y el hilo narrativo a la par. Es un todo representando la entereza de la novela, con todos sus elementos en su lugar correspondiente, dando cabida, incluso, al humor elegante. La sutil evidencia de un sarcasmo vinculado a la sociedad clasista del momento acompaña la fragancia de esa época de elegancia en el crimen, en la investigación y en la literatura. Un cadáver en la mansión Sainsbury. Pointer y A. Fielding. Nos volveremos a ver. Muy pronto.

—No llegué a entender lo que me dijo usted por teléfono. Pero reclamo todo aquello que hayan podido encontrar en este lugar, en nombre de la señora Sainsbury. Por supuesto, todo está sujeto a las leyes de tesoro oculto —comenzó Oakshott enérgicamente y con firmeza.
A Layng se le cortó la respiración.
—Es un cadáver —dijo sin rodeos.
—¿Cómo? —interrogó Oakshott, y se apartó de Layng como si de pronto hubiera evidenciado síntomas de la rabia.

Libro publicado por d’Época Editorial

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