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'En el corazón del corazón del país', de William H. Gass
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA BREVE en 21 febrero, 2021
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En el corazón del corazón del país te deja exhausto. Dejas la lectura y permaneces quieto, dibujando en tu mente cada una de las escenas de los cinco relatos —alguno considerado novela breve— y pensando en ese «qué». William H. Gass fulmina las expectativas con fuerza destructora. Le consideran, muchos, «el maestro». No hay calificativos. Solo Gass.


Atreverte con ciertos autores es retar a tu propia autoestima, más sabiendo de antemano la fuerza con la que nutren la literatura sin cánones establecidos. Cuando un relato, una novela, hace que te replantees aquello que estás leyendo porque necesitas hacerlo como el respirar, debes ponerte firme y alerta. Sientes poder, intuyes esa fuerza narrativa y necesitas hacerla tuya. Quieres formar parte de ese todo y quieres una razón plausible que te haga comprender por qué necesitas más. ¿Lo consigues?

Lo que consigues es volverte loco. Una locura beneficiosa, eso sí. No sabes cómo, solo permaneces ahí, enfrascado en un mundo al que le ves la coherencia dentro de ese desorden natural que se aprecia a simple vista. Y de repente, ahí estás, dentro, echando por tierra tus concepciones íntimas y abriéndote a un mundo, desconocido en parte, que termina por resultarte familiar. En el corazón del corazón del país es esa jaula donde el lector y su conexión con la narrativa terminan encerrándose.

Y, en consecuencia, el corazón del país se volvió el corazón del corazón tan súbitamente que me dejó incomodado, en B y no en Bizancio, no en Brookston, se apartó de ese yo que creí que podría expresar, en ningún lugar cercano a la niñez y con pensamientos que encerré en los párrafos como animalitos enjaulados.

PREFACIO

¿Quién soy yo para respirar?

Si entramos ya de lleno en cualquiera de los cinco textos que componen En el corazón del corazón del país, incluso en el prefacio, la espiral de la vida nos absorbe. Los personajes que nos perfila Gass giran sobre sí mismos luchando por descubrir el sentido de esa vida que no han elegido pero que intentan justificar ante el mundo —ante ellos—. Llegar a conocer a Jorge Segren, a Fender, a esa ama de casa que admira los caparazones de los insectos muertos en su cocina… es ardua tarea.

Son personajes en batalla contra su propia existencia. El grado de perturbación aspira a colmar una narración que, en muchos de los casos, roza lo absurdo; no significa que lo sea. Es una sublime artimaña de Gass, sí es un maestro, para demostrar una sociedad, una forma de vida, un lugar nada idílico donde existir, pero que defendemos delirantemente.

Ya no estábamos en ninguna parte y no me importaba. Pa conducía el trineo con la mirada clavada en el camino escarpado y bebía de su botella. Hans golpeaba nervioso con el tacón de sus botas el respaldo del asiento. Yo me limitaba a mantener la boca cerrada y respirar y no pensar por qué demonios tenía que hacerlo.

EL CHICO DE PEDERSEN

En ninguna parte

No hay corazón en el corazón. La visión conjunta de los cinco relatos va más allá de ese corazón interno. Es cierto que estamos situados en el Medio Oeste, todos nos hacemos una idea. ¿Realmente vivimos fuera de ese Medio Oeste? Quizá podríamos centrarnos en «La señora Ruin». Esa educación violentamente extrema mientras el vicioso voyeur admira la ineficacia de una sociedad vinculada a lo mundano y vulgar. Qué irónico, ¿verdad?

Quizá el ama de casa que termina por ser consciente de que su vida no es más que una espera a la muerte, sin tener más vida que admirar cómo permanecen, ligeros y majestuosos, los caparazones de las cucarachas después de morir. No más triste que ver tu vida desde el prisma del hielo de un carámbano, sintiendo tu frustración y tu creciente desvarío, convirtiéndote en nadie. Estamos ante la galería de En el corazón del corazón del país.

Todos tenemos nuestro hogar. Pero en nuestro hogar solo vivimos nosotros. Solo nosotros gozamos de la existencia.

Nadie tiene aquí su hogar excepto yo; porque he optado por estar ocioso, como he dicho, por rodearme de escenas e imágenes; por hacer conjeturas, por apoyar mi vida en una red de teorías —igual de preparado que una araña para entretejer su tela o succionar intrusos hasta dejarlos secos.

LA SEÑORA RUIN

La poética soledad

Es el sentimiento que se apodera de las palabras de Gass. Engloba todo aquello que vemos a través de su cristal, como esas hojas caídas en el otoño. «Las hojas se mueven en las ventanas. No puedo contarte todavía lo hermoso que es, lo que significa. Y sin embargo se mueven. Se mueven en el cristal».

No sabemos ciertamente qué es su literatura, la hermosura. Siento la soledad de ese mocoso de los Segren acurrucado frente al frágil fuego. De Fender, en su sillón, viendo los carámbanos en fila. La soledad del corazón del país. Todos ellos están unidos por una singular tristeza ante la vida misma. Su soledad, aunque bella, domina sobre ellos como «propiedades».

En el corazón del corazón del país, la obra de Gass que muestra toda su desnudez literaria como el maestro que es.

En el corazón de su corazón

Me gustaría cerrar esta visión de En el corazón del corazón del país centrándome en el relato que le da nombre. Ya en el prefacio William H. Gass advierte de su proceder, de su literatura, de su actitud ante la vida. Son imágenes bordadas en lienzos fríos, como todo el libro.

Pero necesito recalcar la magnitud de la belleza con la que hila esas imágenes. Me fijo en la alusión, irónica y peculiar, aunque sensata, que hace Gass a la figura de Goodykoontz, considerado erudito y respetada figura en el ámbito académico de principios del siglo XX, tildándole de «predicador ambulante con nombre de cuento de hadas»:

¿Es necesario que haga un alto para recordaros que esta ciénaga es idónea para engendrar repugnantes reptiles? ¡Croan de celos; su fanatismo es desaforado; son desconfiados como serpientes; están ciegos cual gusanos; tienen la malicia de los cocodrilos! Las cosas han cambiado desde entonces, pero en ninguno de los aspectos mencionados.

EN EL CORAZÓN DEL CORAZÓN DEL PAÍS

Gass. Un nombre que difícilmente se olvida. Su manera de hacer literatura no pasa desapercibida para aquellos que se atreven. Te adentras en un mundo extraño. Pero ya no sales. Una vez entras En el corazón del corazón del país, no creo que puedas escapar de él. Porque es tu hogar.

Libro publicado por La navaja suiza

En el corazón del corazón del país La navaja suiza Narrativa Narrativa breve William H. Gass


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