Corazón giratorio – Donal Ryan

«Por aquí todo empezó con una desgracia, cuando al chico de los Cunliffe lo mataron los guardias en su propio patio y sus tierras fueron a parar a su tía, que las repartió entre nosotros como hicieron los soldados romanos con el manto púrpura de Nuestro Señor. No era esa forma de empezar los buenos tiempos». Pero tampoco los malos. El testimonio de Josie, padre confeso de Pockey y quien se redime de toda la mala fe de su hijo, no es más que una de las vueltas que un Corazón giratorio puede dar, clavado en una reja de la valla que rodea a la envidia, la desesperación y la estricta «educación».

La crisis del 2008 paralizó la economía y arruinó todo aquello que encontraba a su paso. Pero una crisis no solo significa pobreza, sino que esos demonios que perviven a la espera de su oportunidad de acción se suben al tren y se dispersan por toda la «geografía humana». Donal Ryan solo se dedica a plasmar aquello que todos vivimos en aquellos años de carencia en los productos básicos vitales —dejemos a un lado los alimentarios o sanitarios— y hace una reflexión coral de todas las sensaciones que afloran en nuestro interior, no importa si tu nombre es Josie, Bobby, Réaltín o Triona. Las crisis terminan por convertirse en algo personal. Y cuando eso ocurre, por mucho que intentemos pararlo, la mente recorre veloz un camino que es difícil de delimitar. Hasta que el corazón comienza a girar.

 

LA CRISIS DE UN PUEBLO IRLANDÉS CONVERTIDA EN CONFESIÓN

El sector que más sufrió la crisis fue el inmobiliario. La historia que tenemos delante narra, en forma de monólogos interiores, cómo han vivido esa época distintos habitantes de un pueblo de la Irlanda rural, todos, o la gran mayoría, afectados por una burbuja que les estalló en la cara y que les dejó desnudos ante el miedo a lo que vendrá. 

 

La gente se piensa que soy un cachondo mental, que todo me importa una mierda. Nunca le he hablado a nadie de la negrura que a veces siento por dentro; una negrura que tira de mí hacia abajo y hace que piense cosas que no quiero pensar. Siempre estuvo ahí, pero no supe lo que era hasta que el último mono se puso a hablar de depresión, salud mental y esas mierdas.

 

Seanie no está loco. Solo es un ejemplo claro del miedo a no salir de un pozo cuyo fondo es más que lodo, oscuridad y humedad. Ryan nos presenta todos esos temores de la gente sencilla, algunos con educación, otros si ella, en forma de pensamientos y visiones sobre aquello que acontece a su alrededor y que tiene un origen común: la crisis ha paralizado la construcción y muchas familias se han visto abocadas a la ruina. Cada uno de los personajes enfoca sus miedos en una dirección personal, ya sea ira, envidia, melancolía o bondad. Sí, bondad. No todo es malo cuando te das un baño de realidad. 

Aunque todo en Corazón giratorio tiene un mismo eje y da vueltas a su alrededor, podríamos felicitar a su autor por embaucarnos en una espiral temática dejando, incluso, de lado el principal. Cada personaje, como he mencionado, utiliza su individualidad para afrontar esa lucha interior. El lector olvida una crisis evidente para vivir en primera persona esos sentimientos personalizados y enfocados hacia la frustración salarial, alcohol en pubs, coqueteos con hijos de por medio y secuestros a la luz del día.

Sabemos, mientras pasamos las páginas, el motivo que lleva a cada uno a actuar como lo hace, a pensar como lo hace; pero la amnesia viene de repente, en el momento en que «el último mono» se pone a hablar de depresión, salud mental y «esas mierdas». ¿Verdad, Seanie? Cuando uno se ve en la situación de afrontar un camino muy difícil, los pensamientos hacen que saquemos la suciedad que guardamos dentro y nos confesemos como pecadores sin alma, pero sin redención si no es con la razón absoluta en nuestro poder. El verdadero peligro.

 

LOS PREJUICIOS Y LOS RUMORES, ALIADOS DE GUERRA

El realismo de Ryan en las intervenciones de cada uno de los personajes es más que evidente. Y no porque sea un escritor realista, sino porque mientras el lector absorbe todo aquello que plasma su literatura, imagina en su interior todo aquello que lee, con situaciones propias, con pensamientos dignos de recordar y con una crisis personal a flor de piel. Una crítica constructiva al comportamiento humano ante la adversidad del día a día, de la tristeza y el odio, de la comprensión y la venganza.

 

Vi a un chico que venía andando hacia mí por el camino la semana pasada, el día que Bobby Mahon mató a su padre. Pero saltó una tapia antes que pudiese ver quién era. Los perros olieron algo. Me juego la cabeza que era el Bobby Mahon. Los perros olieron la muerte.

 

Jason lo tiene claro. Seguro está, porque es como debe ser. No hay otra verdad. ¿O sí? Claro ejemplo de aquello que nuestra mente ve porque nuestros ojos no muestran lo contrario. Corazón giratorio sigue el instinto de la conciencia al pie de la letra, siendo un manual ineludible del entendimiento del prejuicio y del rumor. Una maestría de intervenciones en la que los ingredientes están perfectamente y debidamente mesurados para un cocktail literario con base alcohólica premium. Donal Ryan utiliza una crisis inmobiliaria que arrasó medio mundo para darnos una lección de realidad a través de los ojos de unos pocos desgraciados que a lo máximo que aspiran es a que sus pensamientos posean una verdad absoluta.

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