‘El bosque de los cuatro vientos’, de María Oruña

MML LITERATURA

MÁS QUE PALABRAS

Un paseo por la Galicia más misteriosa, maravillosa e idílica del XIX. Un recuerdo y una apasionante búsqueda por El bosque de los cuatro vientos. Una historia de recogimiento, de pasión y de lucha por la libertad. María Oruña nos ofrece paz, naturaleza, misterio, tradición…, y lo más importante: literatura.

El bosque de los cuatro vientos. Un fascinante viaje a la Galicia del XIX y de nuestros días, capitaneado por María Oruña

Hay tiempos en los que sucede que no pasa nada. Se vive en una calma imaginaria, dejando que transcurran los días como si nunca fuesen a terminar. Y existen otros tiempos en los que cada respiración es un milagro, y en los que hay que estar preparado para ver por dónde soplará el viento al día siguiente.

Me he dejado llevar por ese viento sin estar preparado. Preparado para aquello que estaba a punto de venir desde esa colina, o desde ese Chao da Forca. Son otros tiempos. Me ha invadido una desesperada inquietud por oler ese aroma a bosque húmedo, a calor de chimenea, a tranquilidad. Un deseo de saborear cada palabra mientras me siento en ese Claustro de los Obispos. Volver a hacer este viaje.

Como dijera aquel, «las palabras se quedan cortas» ―o la imaginación―. Encontrarte con una novela que te trae la paz de la naturaleza, la virtud de la lucha por ser tú mismo y el deseo de conocer la verdad es, en sí mismo, uno de esos milagros. El bosque de los cuatro vientos no es casual: es Galicia, es sonido de ramas meciéndose en el viento, es el susurro de las páginas de los libros de la biblioteca de Santo Estevo y es el olor a hierba medicinal. Es narrativa. Es literatura.

Un edén en Santo Estevo

María Oruña no ha querido solamente que disfrutemos de su narrativa. Ha ido más allá y nos ha programado una ruta turística por los paraísos ocultos en el antiguo Reino de Galicia. He querido comenzar este artículo con unos pareceres finales porque sin ellos, el resto del escrito no tiene sentido. Sentir ese abrazo frío pero amable, húmedo pero acogedor, ha significado el cariño que El bosque de los cuatro vientos me ha ofrecido para disfrutar de una vida de penurias, de un misterio en el que el amor, la justicia y la tradición han marcado el camino de la buena pluma.

La importancia del cuadro paisajístico de la novela es el inicio de un todo que María Oruña ha sabido enmarcar, sujetando con clavos de madera el transcurso de los años para que los personajes puedan demostrar que la vida pasa, pero la naturaleza protege sus recuerdos. No habría sido lo mismo sin esos sequeiros casi ocultos, sin ese alto lleno de grandes rocas, sin la Casa de Audiencias o los escudos con nueve mitras. Ese enclave es el sueño de Marina, de Franquila, de Jon y de Amelia. Es el principio… y será el final.

Dos épocas. Una historia

Voy a subir un peldaño en esta historia. La cita inicial no son palabras elegidas al azar. María Oruña sorprende con su musicalidad literaria al introducirnos en un remanso de paz natural contraponiendo un ritmo literario que anuncia la fuerza de ese significado. Muestra una misma historia orquestada magistralmente en dos épocas totalmente distintas ―o no, puntos de vista― y que nos encandila con un cambio sutil del registro de la palabra. La dulce Marina ―en mayúsculas, hablaremos de ella más adelante― y Jon ―el Indiana Jones―, dos personajes encontrados a quienes les une una personalidad verdadera.

Dos épocas que se unen en Santo Estevo. Una lucha por el imperio de la razón y el descubrimiento de la verdad. La necesidad de mantener viva la tradición sin dejar atrás los ideales. El bosque de los cuatro vientos es el cruce donde los extremos se juntan para dar paso al miedo, al aprendizaje, al reconocimiento y el amor englobados en una sola alma. No importa si vivimos la desamortización de 1835 o nos dejamos el teléfono móvil en la habitación del moderno pero acogedor parador. Es donde se une la historia.

… no podía saber que cada uno de aquellos vientos eran los precipicios, las crueldades y los soplos de fortuna de cada época, de cada historia. ¿Qué aires soplarían en cada una de las centurias del mundo, contra qué demonios y circunstancias tendría que luchar cada cual según el instante del tiempo en el que hubiese nacido? […] ahora, sí sabía que todos estamos a merced de los vientos y que todos llegamos a ser lo que somos según nos atrevemos o no a caminar contra ellos. Y que si nos detenemos a escuchar el sonido del aire podemos avanzar por los bosques más oscuros.

Marina. Es ella

«Todos llegamos a ser lo que somos según nos atrevemos o no a caminar contra ellos». María Oruña dibuja cándidamente el valor humano en un personaje al que amas en el momento aparece, subida en un carro, de camino a Santo Estevo. Ella es el cruce de los cuatro vientos. El ejemplo de la fuerza de espíritu soñador, la lucha por la supervivencia en un mundo en el que todo es blanco o negro. He de adorar la sólida construcción de este personaje, su intranquilidad interna que despunta a través de sus miradas y atrevimientos de adolescencia.

Marina representa la lucha por lo correcto y lo correctamente establecido. No entiende, más bien no ve incorrecto el querer vivir con unas normas que no ofenden a nadie. Ni entiende de clases, ni de desobediencias, ni de distinciones en el saber. No entiende de cortejos ni pasiones interesadas en un estatus próspero. Ni entiende de costura.

Sin duda, aunque tales estudios exceden con mucho las cualidades femeninas, y posiblemente mi sobrina preferirá otras literaturas más ligeras, así como atender a su padre y dedicarse a la costura, que es otra actividad bien provechosa.

Marina es la antesala de un Jon del siglo XXI, curioso y deseoso de esclarecer la verdad. Los misterios de la historia, de las tradiciones ocultas, serán el alimento para la transformación de su visión de la vida. Es curioso lo que puede ofrecernos la tranquilidad de la naturaleza cuando luchamos por entendernos a nosotros mismos. La absorción del alma de tu otro yo transformado en mancha, que te convierte en un monstruo individual, y que terminas por aceptar como vida propia, sin matices ni culpas, igual como Marina aceptó su destino sin renunciar a ella misma.

La eternidad

Muchas palabras se agolpan aún en mi mente. Muchos pensamientos difíciles de expresar mientras recuerdo el paseo por esos bosques aledaños de Santo Estevo. He querido ofrecer una visión íntima de la que considero una narración exquisita. El bosque de los cuatro vientos es más que una historia, más que una investigación, más que una tradición. Con permiso de la autora, me imagino a María mirando al teclado ―o el papel, pluma en mano― y absorbiendo toda la esencia de lo que quiere escribir. Y reflejar el sentimiento de que sí, de que lo ha hecho. Difícil, pero… La literatura también embriaga, como Galicia y como El bosque de los cuatro vientos.

Y Marina sintió que se llevaba dentro aquel Reino de Galicia. Su aire marinero y su fiero y frío mar azul, sus bosques y la música del agua de las fuentes de Santo Estevo. El amor escondido tras sus muros de piedra eterna y el silbido del viento en las ramas de los robles y castaños. Porque Galicia era el misterio de las miradas antiguas y sabias; era furia, nobleza, dolor, era verde y era agua. Para Marina, que tanto vivió, aquel reino fue siempre añoranza.

Libro publicado por Ediciones Destino