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'El coro', de Marina Palei
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA en 16 abril, 2021
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El coro es la lírica del recuerdo, una poética declaración del horror sufrido, vestido de amor incondicional. Es una renuncia inválida por creer que tus raíces se han desprendido de tu existencia, el miedo de dejar atrás el presente. Marina Palei sorprende con un bodegón narrativo en el que la melódica narrativa viste a la desgarradora palabra.


¿Huele el pasado? Es «el olor (y el color) a pensamientos» el que responde, de manera subjetiva, una cuestión que, aunque no nos demos cuenta, marca nuestro momento. Sentirse arropado por el interior de uno mismo es el refugio que se busca (inconsciente) desesperadamente, utilizando las armas que llegan hasta nuestras manos. Quizá el exteriorizarlo es una tarea ardua, agobiante y exasperante, perdemos la noción de quiénes somos en ese intento. Marina Palei es el reflejo poético de esa desesperación. El coro, esa especie de arma, al menos en una Holanda de posguerra, encasquillada por la falta de uso, o excesivo uso.

Las profundidades del mar y del ser humano… Las sombras de unas visiones como eternamente descarnadas… O ¿es que simplemente están cambiando la película en el archivo cinematográfico de la memoria, cerrado a ojos extraños?
El coro
'El coro', de Marina Palei, publicada por Automática Editorial

Así, con estas palabras, podríamos resumir un acto de rebeldía personal de un holandés que, tras un desliz propio de adolescente orgulloso, terminó formando parte de esos escombros humanos en Dresde la noche del bombardeo. Aunque no quedó inerte, al menos de momento; otro ser, de fuerza íntima y descarada, más del norte y hermana de esos salvadores «que cantaban» mientras se fijaban, hartos de vodka y melodías, en el blanco del único sujetador, salió de la nada para no escapar ya. También ella cantaría años después. El coro del tormento de él; de la salida de ella.

 La melodía (de ella)

Las palabras suenan a tristeza. Puede ser la tónica general de El coro en todo su trayecto, pero encontramos una especie de tranquilidad asumida que flota en esa aura de melancolía. Marina Palei golpea fuerte en un principio narrativo desgarrador en el que la ausencia de ánimo positivo da paso a un conformismo como resultado de un pasado lleno de horror. La representación de todo este paisaje viene protagonizada por ella, la mujer de Anders; un único momento de protagonismo en el que su primer plano se vislumbra como una profecía de todo aquello que el lector sentirá en toda la novela.

Pero aunque lo advirtiera de forma confusa, daba igual: después de esa terrible noche, las circunstancias tomaron tal cariz que —a fin de sobrevivir ella y de apañar a su descendencia en una tierra ajena que no le había dado cobijo desde el principio— se vio obligada a ocultarse a cada momento, a lijarse, a amoldarse de buena fe, a despersonalizarse con paciente esfuerzo, es decir, a raspar cada muesca de su carácter, a limar el más mínimo salto en su extraña entonación, a matar en su interior la memoria del sonido y el olor de un bosque aquí ajeno y extraño —y así sucesivamente— hasta llegar a la absoluta fusión con el fondo. Pero ¿cómo exactamente? Pues así: hasta la completa disolución en ese paisaje pobre, llano, que había tras la ventana.
El coro

Es su melodía. Es la canción que sonará posteriormente en ese coro, posterior tormento y puñalada de un Anders que comprenderá, quizá demasiado tarde, que el pasado es un presente acabado. El coro representa esa pared llena de clavos al rojo vivo y que el ser humano se obceca en clavar con sus desnudas manos. Son costumbres diferentes, son educaciones distintas; ella no quiere desistir, «no es una mujer buena para él, búscate una buena holandesa», no quiere, aunque no sea consciente, formar parte de «ese paisaje pobre, llano, que había tras la ventana».

Y cantan. Ellas cantan. Igual que cantaron los hermanos a rebosar de vodka. Porque es así, porque la fuerza se limita con la fuerza, más interior, por supuesto. Pero ellas cantaban y Marina Palei pone letra a esas melodías.

Cantaban como si fueran conscientes de su inevitable orfandad, de su dulce orfandad en este incomprensible mundo.
Cantaban solo para Dios.
Como en los últimos minutos de su vida terrenal.
Y por momentos cantaban como si pudieran ver el habitual mundo terrestre de otra forma. Seguramente tal como lo veían en su interior.
Estaban indisolublemente unidas.
Ellas cantaban.
El coro

La partitura (de él)

Anders es esa partitura. La contención de unas palabras caídas en saco roto. «No vayas al coro». No vuelvas al pasado y quiéreme como yo a ti, hasta quitarme la vida. El coro nos induce a pensar en quiénes somos, el peligro que corremos al descubrir la realidad de nosotros mismos; descubrir la debilidad. Es una declaración de amor trágico convertida en una pintura al óleo llena de colores cálidos en contraposición a los fríos. Es el papel que encarcela esas notas de dolor melódico que cantan al sufrimiento del pasado y la negación a evolucionar. Una educación diferente; una visión distinta de la vida.

¿Era necesaria toda esta prolongada «evolución del espíritu» (si es que alguien cree en estas cosas), toda esta dolorosa historia del desarrollo humano, repleta de fantásticos sacrificios, vuelos, caídas, océanos de sangre, lágrimas infinitas, traiciones y hazañas sin igual, para al final de la Historia (y su final, afortunadamente, es evidente y perceptible como nunca) llegar a los mismos reflejos absolutos, los más sencillos, es decir, quedarnos a solas con nuestra hambre, nuestra lujuria, nuestro miedo a la muerte?
El coro

Asombrosa la manera de presentar un drama tan intenso —esa época de nuestra vergonzante historia marca como si fueran tatuajes hechos a hierro vivo— y transformarlo en una narrativa íntima. Marina Palei, como bien indica, construye una perfecta novela-proverbio. El coro es como leer una poesía en prosa donde la moralidad, la educación y la tradición son esas damas esperando a su amado caballero. Y el dichoso, tras duras luchas y batallas, deja de comprender el destino y se arrodilla ante la más hermosa de todas.

Todo lo habitual, lo anterior, lo suyo se había convertido en algo detestado, ajeno para él, para Anders van Ridderdeik, y se consumía, se moría lentamente por esa disonancia entre sus propias cualidades: como si su alma se desgajara sin restricciones de su cuerpo.
El coro

Adquirir la conciencia de la pérdida, saberse derrotado por la diversidad de entendimiento de la vida. Nuestro protagonista realiza un camino hacia la desgracia. Sabe que será así, pero no comprende el devenir de los hechos: ella, fiel a su origen, se protege en su afán de supervivencia; él, fiel a su origen, no sabe cómo sobrevivir a la diferencia. Es amor, proverbialmente imposible; alcanzable, por supuesto.

La letra (de Palei)

Leer El coro ha supuesto conocer cuán amplio es el abanico de la literatura. No solo interiorizamos, mientras disfrutamos de su lectura, ese tono dramático e intimista de una narración asombrosa. La visión que Marina Palei contextualiza en esta evolución de la Europa del XX pone al descubierto todo aquello que ya intuíamos pero que pasa por nuestro lado con el sombrero inclinado hacia delante, no dejándonos ver su mirada aterrada —y aterradora—. El simplismo que dibuja en cada una de las viñetas de este argumento viene focalizado en el interés personal de la propia existencia —o de la propia supervivencia.


De disfraz les servía (y lo favorecía) el biombo de una presunta cultura y de una presunta religión que, in cooperation, los invitaba a la contención, a la contención y otra vez a la contención. Por eso su natural indiferencia animal podía fácilmente interpretarse como un dominio de sí mismos elegante, valiente, conveniente para la ocasión.
El coro

Son literaturas extrañas que todo ser humano debiera interiorizar. Es narrativa exquisita. Es lirismo en palabras decoradas de fatalidad humana. Pero es excepcional la manera en la que Marina Palei la sirve en la fuente de ese banquete —como el día de Pascua— y que, tras el postre, nos lanzamos a interpretar esa canción que desata lo más íntimo y verdadero de nosotros mismos. Es, sin duda, esencial. Magnífica. Es El coro.

Libro publicado por Automática editorial

Automática editorial Marina Palei Narrativa Novela


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