‘El extraño verano de Tom Harvey’, de Mikel Santiago

MML LITERATURA

MÁS QUE PALABRAS

Un who did it a ritmo de saxo, uno de los mejores. La mejor banda sonora para una novela, o la mejor novela para una banda sonora. Queda todo dicho.

Rhapsody in blue. Siempre he pensado que una buena banda sonora es esencial para que una producción ―papel o celuloide― se convierta en algo más que en un simple pasar-el-rato. Gershwin. Me ha sorprendido. No estoy muy ducho en jazz, pero en el momento aparecieron nombres como Coltrane o Dexter Gordon, quise descubrir el porqué. Entendí, pues, en ese momento, lo que Mikel Santiago deseaba ofrecernos con esa «rapsodia azul». El extraño verano de Tom Harvey iba a ser algo más que extraño. Mucho más.

Retomando el tema de la banda sonora, si el lector necesita hacerse una idea de qué va a encontrar viviendo ese verano en el sur de Italia junto a Harvey, debe escuchar a Gershwin. Minuto a minuto va a ofrecer un estado anímico acorde con la melodía. No exagero. Es más, cuando finiquité la lectura, volví a pasar el tema: volví a revivir todo aquello que mi mente había padecido, vivido, disfrutado… odiado y amado.

Jazz a golpe de asesinato

Me gustaría seguir a ritmo de esta rapsodia. Curioso presentar esta «extraña» vivencia de un verano cerca de Salerno con ese clarinete que introduce a un Tom Harvey, saxo que simplemente vive, o intenta vivir, y que con el crescendo de la banda preludia que nos aferremos a la silla. Un músico de jazz y una escritora de thrillers. Una buena combinación que desbanca al típico policía investigador de crímenes, papel que endulza, más que tensa, una historia musical trepidante (no me termina de encajar el término, quizá porque no es una novela como todas).

Si seguimos escuchando a Gershwin, todo encaja. Poco a poco, todos los músicos aparecen en escena, todos con su partitura, más o menos protagonista, pero esencial. Vale, reconozco que mi experiencia musical pasada hace que pueda interpretar sensaciones diferentes y unirlas a las de Santiago, posiblemente. Ese crescendo anterior bien podría anticipar aquello que el mismo protagonista elucubra en su cabeza:

«Siempre fuiste mi preferido, Tom, ¿sabes por qué? Fuiste mi preferido porque amabas a Elena como un hombre debe amar a una mujer: desesperadamente. Te hubieras ido al infierno por ella, ¿verdad?» / «Y que lo digas, Bob» / «Vale, pues aprieta los dientes, chico. Puede que tengas que hacerlo».

Un infierno que durante toda la novela va a estar ardiendo, mostrando las llamas anaranjadas en esas puestas de sol del Tirreno, en esas noches cerca de los acantilados, Hummer incluido, y en el calor de esos vinos en el Mandrake, en las terrazas de verano y en el interior de Harvey.

Cada instrumento es esencial

Como anticipaba, todas las notas, todos los instrumentos, son esenciales. El extraño verano de Tom Harvey ofrece esencialidad en varios aspectos. Justas las palabras, justos los personajes, justos los pasos a dar. Las estructuras musicales y literarias van de la mano. Un director de orquesta organiza el caos. Si eres de los buenos, te sale una interpretación de certamen. Te sale una novela como esta.

No es fácil hacer un quién-lo-hizo, todos somos partidarios de ello. Las piezas deben encajar muy bien, todo detallado (quizá he admirado tanto a Santiago durante este viaje porque el detalle aparece en su justa medida, con sus justas palabras), igual que en una composición musical. La intriga, esos prestos con el forte clavado en las entrañas, dan una movilidad espeluznante en varios tramos de ese verano caluroso. Ese Gershwin, cómo sabe lo que hace.

No solo hay saxo en el jazz

Al igual que el piano de Gershwin, Mikel Santiago juega muy bien la baza de no exclusividad instrumental, algo básico, a mi entender, en un buen argumento. En la novela negra hay mucha psicología, es verdad, pero se debe utilizar correcta y deliberadamente. Está muy bien eso de la intriga, el suspense, la rapidez factual… Los sentimientos. Qué criminales, ¿verdad?

Me había dolido oír aquella «corta historia de la vida de Tom Harvey», quizá porque era cierta: si me miraba al espejo, ¿quién había sido yo durante los cuatro años? Un tipo perdido vagando sin rumbo en un tour infinito por Ámsterdam, París, Roma… ¿Acaso eran otra cosa que escondites?

Esos mezzopianos que escuchamos, esa melodía que hace que nos cuestionemos nuestra miserable existencia y que da el toque especiado a ese sentido de la culpa, del miedo, de la responsabilidad. El extraño verano de Tom Harvey, quizá, es extraño por esas intervenciones musicales tan rotas, tan dramáticas… Colocadas en el pentagrama oportuno, hacen que ames más a Harvey y odies más al resto. O formes parte de un acantilado, o una playa escondida.

A love supreme

Desde Chet Baker hasta Stan Getz, Mikel Santiago ofrece todo un concierto musical memorable a golpe de batería y saxo, con acompañamiento de piano, y en el que se interpretan obras como el asesinato, el amor, el odio, la venganza y el arte. Pensemos por un momento: música, pintura, literatura… ¿No es perfecto?

Voy a resumir una obra como la de Mikel Santiago, digna de los mejores festivales de jazz, con El extraño verano de Tom Harvey como pieza musical: la mejor banda sonora para una novela, o la mejor novela para una banda sonora. Quizá, más que resumir, voy a invitar al lector a que opine después de escuchar A love supreme. No hay más, ya me dirán.