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En palabras de Hermione Lee
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en en 3 abril, 2021
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Hermione Lee sea quizá una de las personas que más conozcan a Penelope Fitzgerald. La biografía publicada bajo el título Penelope Fitzgerald. A life demuestra ser un apasionante viaje no solo a través de la vida de Fitzgerald, sino de su escritura, de su persona y de su visión de la vida. Leer a Lee es hablar con Penelope, al menos es ese el encanto que encuentras en sus páginas. Si desde el inicio hablamos de una historia sobre la espera, acompañada de paciencia, vamos a sentir cierta amabilidad en aquello que vamos a leer. Y no es para menos. A pesar de su corta trayectoria como escritora, toda su producción —nueve novelas, tres biografías, ensayos, artículos y gran cantidad de cartas— demuestra ser la escrita por un genio de la narración.

Si tenemos en cuenta su producción novelada, la clasificación temática es imposible de constatar. Sí es cierto que hay dos períodos fundamentales: sus últimas cuatro novelas no están inspiradas en momentos de su experiencia en la vida como sí lo están las primeras, sino que, quedándose atónito el lector, plasma de una manera que roza la perfección literaria momentos de la historia como si hubiera vivido en ellos. Son dos períodos fuertemente marcados y, aunque siempre ha sido fiel a su estilo, se puede observar cierta evolución en la manera de afrontar el hecho de, y creo que esto es muy importante, amar el well-made book, el libro bien hecho, como podremos comprobar con La flor azul.

Portada de "Penelope Fitzgerald. A life", de Hermione Lee, publicada en Inglaterra.

Sí que encontramos elementos comunes en todas sus obras: observamos una particular visión de la vida misma, muchas veces bastante pesimista, que le da solidez al hilo narrativo dando fuerza a temas tan comunes como la religión, el trabajo o el comportamiento humano. Aunque, como comentaba en las primeras líneas, el carácter reservado, tranquilo y reticente, con un humor elegante y directo, de su escritura dibuja una inteligencia que quiere compartir siempre con el lector. Es por ello que me gusta considerar —y el lector mismo podrá constatar mientras lee cualquiera de sus novelas— que Penelope Fitzgerald es una maestra en «dejar mucho por decir».

Hay muchos aspectos de Penelope Fitzgerald que serían dignos de admirar, hablando siempre con pretensión de contemplar con una mente dispuesta a entender todos los valores que confluyen en su visión de la vida y del arte de escribir. Uno de los que más fuerza plantean a la hora de interpretar las novelas de Fitzgerald son sus personajes:

Resumiendo, se había engañado a sí misma al dejarse convencer, por un momento, de que los seres humanos no se dividen en exterminadores y exterminados, y que los exterminadores tienden a colocarse en la situación dominante en cuanto pueden. La fuerza de voluntad es inútil si no se va a ningún lado. Y la suya estaba en unos niveles tan bajos que ya no era capaz de darle las instrucciones necesarias para poder sobrevivir.
La librería

Amante de las «causas perdidas», la literatura de Penelope Fitzgerald no deja de lado a los, considerados por muchos, outsiders. Incluso se considera uno de ellos. Una liberal —en su opinión, una especie en extinción— que no cree en las utopías pero sí en una justicia basada en tener los pies en la tierra. Este ejemplo de Florence Green, la protagonista de su segunda novela, La librería (Impedimenta, 2010) no es más que una introducción a la realidad misma que se vive en sus obras. Siempre encontraremos personas con ansias de poder sobrevivir, confusas, debatiéndose en la mayoría de los casos entre decisiones que marcarán, posiblemente, sus vidas. Esa justicia de la que hablábamos anteriormente se nutre de una especial atención, siempre reservada, a la crueldad de la sociedad, al comportamiento humano y a la desigualdad. En ese grupo podemos incluir a las mujeres y a los niños, por los que tiene especial predilección. La forma en que los presenta revela una cordialidad hacia ellos convirtiéndolos en elementos clave dentro de la historia. Supervivientes, más maduros de lo que correspondería a un niño de su edad, enlazan la realidad de una vida que nunca es de color de rosa manteniendo el equilibrio con el mundo irreal propio de los más jóvenes:

—Tilda, no lo entiendes. Si le pedimos que nos lleve, nos va a decir que sí porque le damos pena. Una vez lo oí decir le a Richard que éramos como dos niñas abandonadas. Y además le estropearíamos la tapicería. No debemos aprovecharnos de su amabilidad.
—Si es amable, es culpa suya. No son los amables los que heredan la tierra, sino los pobres, los humildes y los mansos.
—Y entonces, ¿qué crees que les pasa a los amables?
—Que reciben una patada en la boca.
A la deriva

Las dos hijas de Nenna (A la deriva, Impedimenta, 2018) no dudan en hacer suyas las conclusiones del devenir de la vida. Es curioso observar la potencia de la más pequeña en los razonamientos. Auguran una vida difícil, pero no abandonan su visión dentro de su pequeño mundo, apenas vivido. Son pinceladas de esa reticencia que Penelope Fitzgerald mantiene sobre sus propias creencias. Pinceladas que, como la relación cuerpo y alma que aparece muy sutilmente a lo largo de su corta carrera como escritora, nos relajan en el momento de comprender todo lo que no está dicho.

Y si hay algo que resultó favorable al decirlo todo sin contar nada fue el ganar dos premios y ser finalista en otras de sus obras. Es cierto que cuando ganó el Booker Price en 1979 con A la deriva le cayeron críticas —algunas humillantes estando ella presente— como si de un diluvio universal se tratase, pero no han servido más que para corroborar que estamos ante una de las escritoras inglesas más influyentes e importantes del siglo pasado. Hermione Lee lo demuestra en cada una de sus lineas en Penelope Fitzgerald. A life. Cojámoslo, pues, como un complemento a la literatura de aquella Knox, una brillante joven que demostró, ya en su madurez, más de lo que se esperaba de ella por pertenecer a una familia excepcional.

Un camino que recorrer
Penelope Fitzgerald

Penelope Fitzgerald


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