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'Las esposas de Los Álamos', de Tarashea Nesbit
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA en 22 enero, 2021
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Las esposas de Los Álamos habla en plural. Son ellas, las esposas, madres, hermanas. También ellos, los maridos, los hermanos, los hijos. Los padres. No importa la procedencia o el vestido que llevas. Es el resultado, la evolución y el inicio; la repercusión. Una literatura sobre una guerra que cambió el mundo desde un punto de vista que pocos tienen en cuenta. Excepto Tarashea Nesbit.


No hubo diferencia entre quienes éramos antes de la guerra, quienes fuimos durante la contienda y quienes fuimos después. En algún lugar de nuestro interior aún teníamos veinticinco años, aún éramos enérgicas, decididas, mujeres de gran carácter. Pero habíamos cambiado.

LAS ESPOSAS DE LOS ÁLAMOS
Las esposas de Los Álamos, de Tarashea Nesbit, una visión íntima de aquellos que vivieron la guerra desde el sufrimiento y las sombras

Dejemos atrás cualquier narrativa histórica que convierta en ficción los hechos acontecidos en la II Guerra Mundial. También, cualquier tópico de supremacismo del eje o aliado, cualquier indicio de bien o mal en cualquier bando. Abramos ojos y mentes y empecemos de nuevo. Todo se ha dicho —o gran parte— pero siempre quedan en el interior aquellas preguntas que incineran cualquier atisbo de seguridad en el carácter del ser humano. Vamos a pensar, por un momento, que somos Las esposas de Los Álamos.

«O quizá la culpa la tenía la guerra»

Tarashea Nesbit no ha querido solo reflejar en papel las consecuencias humanas de una de las guerras que más cambiaron el rumbo del mundo. La imagen de la bomba atómica, el hongo destructor que tanto conmocionó a la sociedad, está en nuestras retinas de hemeroteca. Alguien tuvo que fabricarla, es cierto. Secretos bien guardados —o no— que terminaron por cambiar la vida de miles de personas directa e indirectamente. Vamos a imaginarnos una reconstrucción del llamado proyecto Manhattan.

Antes de dirigir la atención hacia el colectivo protagonista de esta historia, quisiera mencionar qué lleva a esta autora de Ohio a escribir Las esposas de Los Álamos: la guerra. Es el eje fundamental, y Nesbit coordina majestuosamente todos los elementos que nos vamos a encontrar en torno a este desgraciado evento. Pinceladas cronológicas que envuelven el desarrollo de los personajes a través de una amarga evolución existencial, construyendo hipótesis y suposiciones sobre qué ocurrirá si las sospechas se convierten en realidad.

Es una correlación de miedos vestidos de secretismo profesional, de conseguir, por parte de las élites que controlan el mundo, el poder de la victoria. Una victoria que no solo traerá muerte y destrucción física, sino que destrozará la personalidad de todo aquel que esté relacionado con la adquisición. El eje que controla ese «nosotras» que tanto ha emocionado a la comunidad lectora y que engloba mucho más que un género o un estatus social; es un «nosotras» que abraza al ser humano.

Un grupo exclamó por el sistema de megafonía ¡La guerra ha terminado! Nosotras también lanzamos vítores, pero algunas, para nuestros adentros, opinábamos lo contrario. Quizá aquello suponía un nuevo nivel de crueldad humana.

LAS ESPOSAS DE LOS ÁLAMOS

Un «nosotras» mundial

El atrevimiento de la globalización del protagonismo es digno de medalla. Hablando siempre desde mi punto de vista lector, Tarashea Nesbit utiliza el plural de primera persona para englobar a todo aquel que sienta una pizca de empatía con aquello que está leyendo. Habla de las esposas que acompañaron a sus maridos, los científicos, en su periplo de construcción de la bomba. Las que tuvieron que abandonar cualquier signo de dignidad para servir a la paz. O para crear la paz. O para destruir la paz.

De hecho, no hay nacionalidad clara. Las esposas de Los Álamos la protagonizan los nativos de Nuevo México, gente de Europa, gente del resto de Estados Unidos; los militares, las mujeres militares, los científicos. También los padres, madres, hijos, hermanos, novias y amigos. No hay raza, no hay edad, no hay sexo. Es verdad que son esas esposas las que desgarran el fuero interno de aquel que las lee, pero soy ellas las que mantienen la fuerza de supervivencia y las que luchan por no abandonar el sentimiento de sentirse humanos; de sentirse libres.

Cuando llegamos nos hacía falta lavarnos el pelo. Con guantes, con sombreros: como si no hubiéramos salido aún de la ciudad. Como si la arena, la tierra y el polvo no se nos hubieran metido en el cabello, entre los dientes. Como si no nos amargara no haber podido elegir.

LAS ESPOSAS DE LOS ÁLAMOS

Tres años de cambio

«Nosotras» fueron las que se mudaron lejos de casa. Aquellas que, por sumisión emocional y tradicional, siguieron a sus maridos y cargaron con muebles, hijos y nostalgia hacia un futuro lleno de secretos. Fueron las que no se despidieron de sus familias y las que imaginaban cómo sería el reencuentro después de la guerra. Tarashea Nesbit describe tres años de responsabilidades fuera de su mundo de esas mujeres que llevaron a cuestas el peso de la incertidumbre, de ver cómo sus maridos ya no lo eran; o si lo eran, lo eran, pero menos; o sí lo seguían siendo, pero en silencio.

Y cuando acababa nuestro turno Clara venía y nos preguntaba qué habíamos hecho durante todo el día, y nosotras nos encogíamos de hombros, conscientes de que detestábamos que nuestros maridos se encogieran de hombros, de que estábamos haciendo precisamente lo que más nos irritaba, pero Susie era educada, sabía que no podíamos contarlo y no nos preguntaba. Por la noche estábamos agotadas y les decíamos a nuestros maridos Lo que yo necesito es una buena esposa.

LAS ESPOSAS DE LOS ÁLAMOS

Las esposas de Los Álamos son esas mujeres que estaban pendientes de que su mundo no se derrumbara. El lenguaje sencillo de Nesbit implica un grado de empatía del lector hacia ellas que hace que seamos muchos más los que poblamos la colina cerca de Santa Fe. Pendientes de todo daño colateral, sin saberlo ni planteárselo, esas mujeres hicieron que sus maridos pudieran ser y estar; que sus hijos aprendieran a ir más allá que cantar un villancico con las palabras «bomba atómica» aunque estuvieran en septiembre; a valorar los consejos de unas madres con hijos en el frente y con secretos de esposas. En definitiva, a comprender qué era ser humano.

Un final…

Hay un final de párrafo que podría englobar el sentido de todo lo que plasma Nesbit en Las esposas de Los Álamos. No me gustaría que encendiera la mecha, ya que, como he dicho unos párrafos atrás, en esta extraordinaria obra literaria no hay nombres propios ni países ni nacionalidades. Solo hay imaginarias reacciones a un hecho histórico como es el proyecto Manhattan y la vida de todos aquellos que lo vivieron. Llamémosles Bill, Henry y Susan. Estados Unidos, Japón o Guyana; no importa.

El problema de Oppenheimer, según comentó el famoso científico Einstein, que no se había vinculado al proyecto, era que amaba a una mujer que no le correspondía: el Gobierno estadounidense.

LAS ESPOSAS DE LOS ÁLAMOS

Creo que «nosotras» cumplen el cometido de empatizar mientras las leemos. Una magnífica reflexión de la personalidad y el sentimiento humano cuando se viven situaciones fuera de nuestro alcance y reconvertimos nuestro mundo interno como adaptación al infierno que llevamos dentro. Las esposas de Los Álamos cala hondo. Ahora mismo estoy volviendo a casa, he abandonado la colina convertido en una de ellas.

Libro publicado por Editorial Turner

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