‘Historias de Nueva York’, de O. Henry

MML LITERATURA

MÁS QUE PALABRAS

O. Henry no solo narra de manera breve. Ofrece al mundo una ventana por la que ver la vida desde un punto de vista sencillo, en el que los ladrillos rojos del West Side son testigo de esas puertas a esas habitaciones amuebladas, a esas calles abarrotadas de portadores de trick stories.

Desde una mujer que ansía la caída de la última hoja hasta un afamado y valeroso abogado que se convierte en boticario. La literatura del relato es variopinta, amena, rápida, voraz, siempre, claro está, que el autor pretenda que lo sea. Historias breves que siempre ofrecen más que palabras: un sentido a la visión del mundo que nos rodea, por muy ficticio que sea. Y de eso saben mucho unos ladrillos rojos que terminan, la mayoría de las veces, por revelarnos, desde el West Side, unas Historias de Nueva York.

O. Henry relata la vida que ve, al estilo cuento de hadas pueril y dulzón, e introduciendo ese realismo que salpimenta una literatura fresca, moraleja incluida. Rey del final sorprendente, cualquier pluma no es capaz de involucrar la esencia de uno mismo en cada relato. ¿Quién no se ha sentido príncipe o princesa de un mundo interior imaginario mientras ha vivido la realidad más atroz, más… «normal y corriente»?

Había sentadas en cincuenta mesas princesas y reinas vestidas con todas las sedas y gemas del mundo. Y de cuando en cuando una de ellas miraba con curiosidad a la clienta de Jerry. Veían a una persona normal y corriente que vestía seda rosa del género que atempera la palabra «fular», y una cara normal y corriente con una expresión de amor a la vida que a las reinas les daba mucha envidia.

desde el pescante
Moralejas con cuento

Y es que, para decir mucho, se puede escribir poco. Si decimos que O. Henry merece cualquier mención de honor en el campo literario no es por el mero hecho de llenar líneas con palabras. Es por llenar las líneas con las palabras justas y apropiadas. Al final, la esencia viene en forma de frase, párrafo… palabra. Solo se necesita una introducción dulce para que el lector se empalague del almíbar y que esa esencia le despierte cual golpe en el rostro.

La vida misma. Un amor verdadero, la rutina, valorar aquello que tenemos solo cuando lo perdemos, el miedo a salir de la comodidad que conocemos para descubrir nuevas situaciones… todo tiene cabida en esta ofrenda literaria a modo de cuentos. Porque la vida son esos detalles con los que soñamos y que nos hacen daño, incluso cuando buscamos El regalo de reyes:

Era evidente que no se podía hacer otra cosa que echarse en el pequeño y raído sofá a llorar. Así que Della lo hizo. Lo que instiga la reflexión moral de que la vida está compuesta de sollozos, gimoteos y sonrisas, con los sollozos predominando.

el regalo de reyes

La vida es dura a la par que sencilla. O. Henry lo sabía muy bien. Monótona, amada, incierta… pero todos tenemos una, vivamos en las casas de ladrillos rojos del West Side o en bajo Manhattan. Todos tenemos nuestra esencia, todos tenemos nuestra propia historia que contar. Todos podemos ser, perfectamente, protagonistas de las Historias de Nueva York.

Al fin y al cabo, cuentos

Este neoyorkino de adopción no aparta el género hacia algo desconocido. Es más, leyendo historias como El policía y el himno vas observando que no estamos hablando de simples relatos, otros más de muchos que se han escrito siguiendo los cánones, sino que dota a sus palabras de cierta ironía personificada que te anuncia un cuento de hadas sin hadas:

En el regazo de Soapy cayó una hoja muerta. Era la tarjeta de Juan Escarcha. Juan es bueno con los moradores habituales de Madison Square y les avisará a tiempo de su visita anual. En las esquinas de cuatro calles entrega su tarjeta al Viento Norte, lacayo de la mansión de Todas las Intemperies, para que los que la habitan puedan prepararse.

el policía y el himno

Esta inteligencia de humanizar, de endulzar la crudeza de la vida hace que los escritos de O. Henry carezcan de simpleza narrativa. No pierden el matiz cuentístico, siguen recordando a historias que escuchábamos de niños a la hora de dormir. Pero… ese bofetón que da a palma abierta es lo que hace que sea extraordinariamente fantástico. Estamos acostumbrados a los giros, a los inventos narrativos. Esto es una narración sincera, completa… y perfectamente acabada. Una trick story de fábula.

El género superviviente

Es verdad que el género del relato está resurgiendo como el ave fénix de entre el polvo del olvido. Cada vez hay más adictos a esta droga literaria en forma de pequeñas cápsulas. Es por ello que me gustaría homenajear a un grande ―y reconozco que conozco pocas plumas del oficioso y delicado trabajo del relato― del género. No solo porque las historias sean exquisitas, que también, sino porque la lectura de Historias de Nueva York demuestran que O. Henry amaba una ciudad, a sus habitantes, a sus historias, a sus esencias… y prueba de ello es la conversión que hace de todo ello en lo que es: una verdadera y gran trick story.