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'Huellas. Tras los pasos de los románticos', de Richard Holmes
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en ENSAYO en 31 enero, 2021
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Huellas. Tras los pasos de los románticos deja de lado la biografía de datos para embarcarse en un periplo literario tras cuatro —globalistas— figuras de esencial protagonismo del Romanticismo literario. Richard Holmes vincula su vida al viajero, la revolucionaria, al misterioso y al soñador con un novelado y perfecto encuentro con la vida en sí misma. 


Huellas. Tras los pasos de los románticos, de Richard Holmes, un periplo biográfico y literario por el Romanticismo literario. De Editorial Turner

Descubrir qué significa el término «biografía» puede resultar complicado y llevar mucho tiempo. Estamos acostumbrados a leer datos, fechas, lugares y hechos que describen una línea temporal e impersonal, por muchos nombres e intentos de apellidar a un individuo concreto, pero que simplemente se quedan en letras formando palabras. Sí, es cierto, y parafraseando a Holmes, «“biografía” significa ‘un libro sobre la vida de alguien’». Pero entendamos mejor qué es Holmes para la ‘biografía’ y qué es Huellas. Tras los pasos de los románticos para Holmes.

La búsqueda

Probablemente fue la primera vez que intuí qué significa realmente el proceso (de hecho, toda una vocación) llamado “biografía” […] Para mí se iba a convertir en una especie de búsqueda, en seguir el rastro físico de la trayectoria de alguien por el pasado, en seguir sus pasos. Nunca los atraparía; no, en realidad nunca los atraparía. Pero quizá, si uno tenía suerte, podía escribir sobre la búsqueda de esa figura fugaz de tal modo que lo devolviera a la vida en el presente.

RICHARD HOLMES

Puede resultar sencillo de entender, pero la dificultad reside en el verdadero sentido de estas afirmaciones hechas por el propio Holmes. Después de compartir horas de lectura con la pluma de esta involucrada e increíblemente extraordinaria mente, solo me resta dilucidar acerca de si es su vida o la de Stevenson la que es objeto de estudio; si realmente las ganas de vivir el mayo del 68 no eran sino el reflejo de ese pasado en la Bastilla; o si ver esas primeras fotos de Nadar eran simplemente la conexión con ese mar italiano que vio por última vez a un Shelley devastado.

Estamos hablando de seguir, al pie de la letra, los movimientos de aquellos que fueron la relevancia de una ideología, de una pasión y de una forma de vivir. Siempre unido a la literatura, Richard Holmes quiso entender perfectamente qué era ser biógrafo, su pasión —tuvo que abandonar la idea de escribir una novela en el momento descubrió el fatídico final de Nerval—. Huellas. Tras los pasos de los románticos no es sino el fruto de esa vocación. No hablamos de un simple ensayo biográfico. Hablamos de un viaje a esa revolución que los románticos promulgaron y defendieron con sus obras, sus amores, sus miedos y sus ideas.

Náufrago de tierra adentro

La búsqueda es un proceso largo, costoso, y muchas veces no tan placentero como nos imaginamos. Holmes intenta vivir bajo la piel de aquellos a quienes intenta buscar siglo y medio después, y es en ese momento cuando descubre qué comprende la biografía en sí misma. No es que quiera acompañarse de Modestine —Stevenson vivió un idilio de amor-odio con su compañera de viaje, pese a ser su mula de carga— sino que lo intenta hacer del mismo autor de Viajes con una burra para, quizá, autobiografiarse.

La sensación de que Stevenson me esperaba de verdad, en persona, se volvió abrumadoramente intensa. Era casi como una alucinación […] Y entonces lo vi, recortado con bastante claridad contra el cielo crepuscular: el puente viejo de Langogne […] Stevenson cruzó por ahí, no por este puente moderno. No había forma de seguirlo ni de encontrarse con él. Su puente se había derrumbado. Estaba fuera de mi alcance debido al paso del tiempo, y eso era lo verdaderamente triste.

RICHARD HOLMES

Holmes no puede alcanzar a Stevenson porque el pasado no tiene cabida en el presente. Pero es ahí donde nos damos cuenta de que Holmes no solo ha encontrado el sentido de una ‘biografía’, sino que está dentro de la visión romántica de aquellos a quienes va a perseguir en los años venideros —al gusto del lector será el considerar si seguimos en los 60 y 70 o a finales del XVIII— y se está convirtiendo en uno de ellos.

Imaginación al poder

Se está convirtiendo en un Shelley, en un Byron, en la imagen de Wollstonecraft. Huellas. Tras los pasos de los románticos conlleva la infiltración en una ideología, en una corriente artística, en una imaginación como corona de poder. Y Richard Holmes se deja llevar. Entiende que debe dejarse llevar. Por destino, por coincidencia, el mayo del 68 le traslada al París de la Revolución, a esa idealista utopía liderada por esa imaginación de la libertad bajo ningún precepto. Y es ahí donde realmente conoce a figuras de la talla de Wordsworth o Wollstonecraft. ¿Una biografía? Quizá un estudio de aquello que marcó toda una generación venidera como sería la de los 20 y 30 del XIX y que seguirá fascinando al lector y a nuestro querido viajero.

Dejamos atrás la bucólica peregrinación por las Cevenas queriendo encontrar la amarga verdad de la desdichada existencia para llegar al frente de una lucha ilusionada, eufórica y desinflada finalmente. Poco a poco vamos entendiendo qué es para Holmes una ‘biografía’. ¿Realmente le hacía falta escribir ficción? Estamos ante una especie de novela ensayada en cuatro actos en la que la ficción no tiene cabida. Quizá el viaje que realizamos vaya más allá de la Imaginación. Tomemos las palabras de Wollstonecraft para entender mejor esta obra de Holmes.

Pero la Imaginación es el verdadero fuego, robado al cielo, que anima a esta fría criatura de arcilla, la que genera todas esas afinidades sutiles que llevan al éxtasis y vuelven sociales a los hombres ensanchándoles los corazones, en lugar de dejarles ocio para calcular cuántas comodidades les ofrece la sociedad.

MARY WOLLSTONECRAFT

El exiliado posromántico

Como podrán observar, ávidos lectores, no se trata de reconvertir los estudios de Holmes sobre los románticos en un banal resumen de unas vidas que van más allá del interés académico. Huellas. Tras los pasos de los románticos nos ofrece conocer la mente de unos hombres y unas mujeres que vivieron según sus ideales, según sus miedos; retando a la sociedad bajo una misma bandera: la libertad. Pero después de terminar su lectura, y estableciendo un paralelismo con la vida de todos los personajes citados en esta magnífica obra, no sé si sería acertado afirmar que Richard Holmes vivió una época equivocada.

El viaje a través de la vida, las casas, los pueblos, las ciudades… no lleva sino a descubrir qué alberga el interior de nuestro querido biógrafo. En esa primera cita anterior ya se muestra a un Holmes romántico, necesitado del amparo de un P. B. Shelley, de la excentricidad de un gran Byron o de ser acompañado de la mano de una Mary Wollstonecraft del principio.

Mientras leemos Huellas. Tras los pasos de los románticos no solo descubrimos aquello que el autor pretende, sino que nos está gritando quién es él mismo. Aquí un servidor se toma la licencia de opinar, no olvidemos que estamos hablando de un trabajo de investigación. Pero me gustaría ofrecerles estas palabras acerca de un encuentro con dos “exiliados” —como Holmes llama a quienes no son oriundos del lugar— en su visita a Italia yendo tras los pasos de Shelley.

Y es que, fundamentalmente, se trataba de exiliados —llenos de esperanzas alocadas y de èsares latentes—, para los que la frontera entre la posibilidad remota y la vida inmediata y práctica había quedado definitivamente difuminada. Sin embargo, la idea de libertad que compartían no era irreal ni ridícula. Esperaban acontecimientos, un repentino giro de la suerte, una corriente inesperada que los devolviera a la vida y a la acción.

RICHARD HOLMES

Holmes debería ser uno de ellos. Y su obra, Huellas. Tras los pasos de los románticos, a la par, formar parte de esta historia. De nuestra historia. Ser recordada; que un futuro Holmes escribiera sobre el Holmes romántico.

Libro publicado por Editorial Turner

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