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'La librería' de Southwold
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en en 4 abril, 2021
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Todo empezó en una librería. Una frase bonita, llena de encanto y de significado para aquellos que adoramos este mundo. Penelope Fitzgerald, como hemos dicho, siguió con sus reseñas y sus artículos. Muchos de estos trabajos eran adaptaciones para programas escolares, y quizá —es una suposición imaginaria, ya que fue su segunda novela, escrita tres décadas después— surgió de una de estas, dirigidas a los oyentes más jóvenes, la idea de La librería (Impedimenta, 2010) debido a la admiración por las bibliotecas públicas y su incondicional apoyo a lo largo de su vida. Es curioso, al menos, el término que Lee utiliza para denominarlas: «espacios democráticos».

La vida de los Fitzgerald iba por buen camino. Se mudaron de casa, una mucho más grande, y los viajes se sucedieron: Grecia, España… No solo Penelope tenía sus contactos en el mundo editorial y periodístico; su marido, Desmond, hacía lo propio por su parte. Llegó a ser el editor de la revista World Review, en la que Penelope colaboró con artículos sobre cine, literatura y arte, materias que siempre le habían fascinado y sobre las que ahora tenía la oportunidad de profundizar. Manteniendo su estilo, los artículos de Penelope seguían mostrando ese aprendizaje exhaustivo, esa inteligencia y conocimiento íntimo que preservaba la precisión de sus palabras.

Sin embargo, la vida de Penelope Fitzgerald fue bastante agitada. Ella misma afirma que «mi historia… da la sensación de ser ficción dentro de ficción… La realidad ha resultado ser traicionera». Posiblemente sea la clave para entender a fortaleza de su carrera literaria, aun siendo tardía. El cierre de World Review provocó una carencia de dinero (que ya empezaban a acusar debido al cambio de vida), cada vez más insoportable. Desmond había dejado su carrera de abogado y la vuelta al ejercicio no fue tan buena. Es en este momento cuando deciden mudarse a Southwold, enclave de su segunda novela.

"La librería", segunda novela escrita por Penelope Fitzgerald, publicada por Impedimenta, muestra uno de los periodos más característicos de la vida de la escritora.

La librería, posiblemente, nos acerque más a esa Penelope Fitzgerald desconocida de los inicios. Cierto que fue de sus primeras publicaciones, el carácter de denuncia es palpable nada más conocemos a su protagonista, Florence Green. Será la primera de un elenco de outsiders, incluida la «princesa de la moralidad y del saber estar», la señora Gamart. Solitarios, conformistas, perdedores —no hay manera de adjudicar la pescadería a un posible postor—, ingratos… y niños. Pero es la señora Green quien decide dar el paso:

Últimamente se había empezado a preguntar si no tendría la obligación de demostrarse a sí misma, y posiblemente a los demás, que ella existía por derecho propio.
La librería

A pesar del sentimiento de preocupación y desolación que el lector adquiere desde el inicio —esa nostalgia de años pasados, cuando el pueblo de Hardborough estaba lleno de vida, y la descripción de esas inundaciones que penetran hasta lo más íntimo—, se respira un aire de confianza, de superación. El deseo de alterar la estructura jerárquica del sistema, cambiar esa conciencia de clases, muy habitual en los posteriores años de la guerra, y sentirse realizado por el esfuerzo y el trabajo propio, está englobado en un simple argumento, conseguir uno de los sueños de la protagonista: abrir una librería. Es sencillo. Ahora, Penelope Fitzgerald consigue que este sea una intensa proyección de la vida de finales de los 50 y principios de los 60 en Inglaterra, convirtiéndola en una cuestión de moralidad.

En cuanto se marchó, los invitados se reagruparon, igual que el ganado cuando Raven se llevó al viejo caballo hacia un lado. Ahora eran todos de la misma clase, y todos miraban hacia el mismo lado, mientras pastaban juntos. Entre ellos podían arreglar muchos asuntos, aunque, a menudo, cuando conseguían arreglar algo se debía más bien a la intervención del puro azar.
La librería

La lucha constante por mantener un orden social preestablecido y que la señora Green batalla, viene representada por uno de los elementos más emblemáticos de toda la novela. El eje que Fitzgerald establece entre Green, la señora Gamart y el señor Brundish es esencial para mantener la batalla.

Violet Gamart representa la estructura jerárquica de la sociedad de la época, abanderada de la moralidad y con la firme creencia que «siempre estaba donde debía estar». El punto irónico al que Fitzgerald nos tiene acostumbrados reside en el antagónico de Violet, el señor Brundish. Hombre reservado, solitario y que nunca sale de casa, nunca honró con su presencia a los Gamart. Una estocada continua para la mujer que mantiene a todo el pueblo sumiso, como el ganado, y que necesita de la amistad de Brundish para culminar su obra.

Siempre se percataba de esto, la señora Gamart se sentía complacida, tanto por sí misma como por los demás, porque ella siempre había actuado según lo que creía que era lo correcto. No era consciente de que la moralidad rara vez representa una guía segura para la conducta humana.
La librería

La librería es un completo ejemplo de todo aquello que representa la figura de Penelope Fitzgerald. Cuando hablamos de exterminatees, al entrar en la sociedad ficticia de Hardborough vemos el significado del término. Florence Green, viuda, esa mujer que intenta salir adelante por sí misma y que cree que el éxito es el resultado del esfuerzo y de trabajar duro; Violet Gamart, la «patrona» —entendamos el juego de palabras— del lugar, que utiliza sus influencias para dominar lo correcto; el señor Brundish, uno de los últimos descendientes de las viejas familias de Suffolk, espectador solitario de la guerra jerarquizada y del sufrimiento de Florence; Milo North, la parodia del glamur, guiño a la BBC y personaje tedioso sin principios; los niños, siempre con su madurez anticipada sin obviar su propio mundo, que dan lecciones a diestro y siniestro bajo la capa inocente y dulce que Fitzgerald suele proporcionarles. Todos, en cierta medida, pueden considerarse causas perdidas, pues la crítica social y moral que Penelope Fitzgerald les adjudica, pone de manifiesto el papel que cada uno juega en la tristeza de Hardborough.

Sin duda, la narrativa de Fitzgerald convierte un simple paraje en un complejo escenario lleno de significado. Eso sí, y puede resultar evidente cada vez que leamos una obra suya; el tono irónico, cómico en su literatura goza de una sutileza digna de mención, dotada siempre de la elegancia a la que nos acostumbra.

Yo no le doy tanta importancia como usted, supongo, a las nociones del bien y el mal. He leído Lolita, como usted me pidió. Es un buen libro y, por lo tanto, debería intentar vendérselo a los habitantes de Hardborough. No lo entenderán, pero será mejor así. Entender las cosas hace que la mente se vuelva perezosa.
La librería

La llegada de Lolita a la librería, la última sensación literaria europea del momento, es la metáfora de ese cambio que, desde el primer momento que Florence Green abre la librería, habita en el día a día de los habitantes del pueblo. Ya con la organización de los libros en las estanterías, Penelope está mostrando al lector el fin de su propósito: dar a entender la sociedad de clases del país. Fitzgerald tomó el ejemplo durante su trabajo como ayudante a tiempo parcial en la librería de Phyllis Neame en Soutlwold. Además, notamos ese aire cómico en los libros por los que cada uno de los habitantes de Hardborough tiene predilección. No es de extrañar que cuando Florence Green inaugura la biblioteca, el libro más demandado fuera La vida de la reina Mary.

Dentro del detallismo exhaustivo al que nos conducen todas las obras de Penelope Fitzgerald, hay un elemento que roza la perfección. Ejemplo de control ante el cambio, una especie de resistencia al que debe enfrentarse Florence Green: el rapper —literalmente, «el golpeador»—. Si entramos en detalle, podemos observar un paralelismo directo con esa lucha por establecer el poder individual de realizarse uno mismo ante la tradicionalidad y el conformismo. La señora Green quiere abrir una librería en una casa que está casi en ruinas, habitada por un poltergeist con el que todos los habitantes conviven y al que ven normal. Solo cuando hay una amenaza para el habitual día a día en Hardborough, el fantasma aparece y la sociedad en prácticamente su totalidad intenta que Old House no se convierta en un negocio que no ven necesario —sí es todo un acontecimiento que se abra un fish and chips—. Ya, en el inicio de La librería, se adelanta la inverosimilitud de que pudiera haber un cambio en el pueblo:

Montaje para MML de "La librería"
—Ahora, señora Green, si pudiera usted sujetarle la lengua. No se lo pediría a cualquiera, pero sé que usted no se asusta.
—¿Cómo lo sabe? —preguntó ella.
—Dicen por ahí que está usted a punto de abrir una librería. Eso significa que no le importa enfrentarse a cosas inverosímiles.
La librería

Estamos acostumbrados a que Penelope Fitzgerald utilice la sencilla argumentación para narrar un todo. Ese intimismo reservado se extrapola a su literatura, mostrando un magnífico dominio de la historia que nos quiere contar; utilizando una sencilla trama introduce todo un cúmulo de intenciones. Con su precaución habitual, comprobamos que La librería es un fiel reflejo de la Inglaterra de la posguerra, además de que introduce un tiempo y un espacio exacto, como puede ser la llegada de Lolita, un cambio que altera a todo el vecindario, escandaliza a los moralmente correctos y que supone un cambio de década importante, de los 50 a los 60. Una muestra de coraje y de lucha disfrazada de narrativa suave, inocencia e ingenuidad en su protagonista, aunque no exento de aquello que caracteriza a Fitzgerald.

—He tenido tiempo de sobra para tomar la mía. Pero nunca he tenido problemas para llegar a una conclusión. Deje que le diga qué es lo que admiro del ser humano. Lo que más valoro es la virtud que comparten con los dioses y los animales, y que, por tanto, no debería considerarse una virtud. Me refiero al coraje. Usted, señora Green, tiene esa cualidad en abundancia.
La librería

La estancia de los Fitzgerald en Southwold no fue como se habían imaginado. Florence Green tampoco consiguió su propósito. Los problemas económicos y conyugales continuaron, Desmond trabajaba durante la semana en Londres, y fue cuando Mops decidió que debía sacar a la familia adelante. Comenzaba una nueva etapa: volvían a Londres.

A la deriva en el Grace
Voces humanas en la BBC

Penelope Fitzgerald

  1. Presentación
  2. En palabras de Hermione Lee
  3. Un camino que recorrer
  4. Voces humanas en la BBC
  5. La librería de Southwold
  6. A la deriva en el Grace
  7. Siguiendo el camino
  8. Una Inocencia Shakespeariana
  9. Personajes y El inicio de la primavera
  10. Fe y ciencia cruzan La puerta de los ángeles
  11. El genio basado en el genio: La flor azul
  12. En palabras propias


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