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'La muerte del sol', de Yan Lianke
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA en 23 noviembre, 2020
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Cuando el astro rey muere, la vida se vuelve inerte. Suena poético, pero más lo es la literatura de este gran genio. La muerte del sol no es sino el nacimiento de una obra terrorífica, hilada bajo los efectos de la bucólica y adormecida narrativa de la naturaleza cruel del ser humano. Clara, perfecta, llena de sentimientos humanos; o de un sentimiento, a veces humano. Yan Lianke es, sin duda, un escritor.

La muerte del sol, de Yan Lianke, una gran apuesta para este otoño de Automática Editorial

Son tiempos duros los que estamos viviendo. Pero ¿nos hemos parado a pensar si los tiempos siempre fueron así de difíciles o no hemos querido ver los obstáculos que el paso del tiempo nos ha puesto siempre delante? La lectura, queridos lectores, ha sido el vehículo para quedarnos dormidos, muchas veces recostados sobre la almohada de nuestra cama; otras, para despertarnos de un sonambulismo efímero. ¿Y si nos dejara tiesos, como ramas secas caídas en pleno bosque durante el invierno? Quietos, sin movimiento; sonámbulos, pensando en qué debemos o cómo debemos hacer; o cómo ver, y cómo…

Muchos, posiblemente, son los que han visto la muerte del sol; quizá me incluya, no lo sé de manera cierta. Debería darle una vuelta a cómo deseo hablar sobre esto, y es que hay una cita, un fragmento de esta maravilla de Lianke que me dejó pensativo nada más empezar. Hay libros que te dejan frío; otros, los más, hierven en tu interior como si formaran parte de tu torrente sanguíneo. Y otros, los más importantes, que los necesitas. Son pocos estos últimos; pero terminas bebiendo de ellos, porque comprendes que son más que letras unidas en narración.

Si os soy sincero, su lectura me dejó como un campo sin cultivar al que le hubieran arrancado los yerbajos secos del invierno, igual que si hubiera comido una fruta caída y podrida. Pero la verdad es que no tengo más libros que esos, así que acabé por sacarles el gusto que pude a la hierba seca y a la fruta podrida.

La noche sonámbula

Todos somos sonámbulos de alguna forma. Nuestros sueños son nuestros impulsos, estemos despiertos o dormidos. La muerte del sol es una ofrenda al pleno significado de la locura, de los instintos, de los motivos que mueven los actos del ser humano. Yan Lianke ha construido un templo indestructible a la narrativa social, al cruel lirismo de los deseos más íntimos de las personas. Ficción y realismo cogidos de la mano y paseando por la belleza de los paisajes narrados desde el miedo, la desesperación y la incertidumbre.

La muerte del sol es el sonámbulo que no ve mientras vive, que sueña con ser quien debería ser y que no se atreve a dar un paso al frente para conseguirlo. Es la inocencia de aquel que está despierto y que ve con buenos ojos aquello que observa. La incredulidad de la verdad dura, cruel, nuestra; sí, nuestra. Una crítica social, un rayo de luz en medio de la noche que alumbra un estado de locura, aquello que somos capaces de hacer por conseguir nuestros anhelos, sin pensar. Sin luz. Entre todos matamos al rey del cielo.

El pueblo murió de verdad a las seis de la mañana. El mundo murió de verdad a las seis de la mañana. A esa misma hora en la que el sol solía alzarse ya varios palmos sobre el cielo, el pueblo se sumió en una negrura absoluta.

Muchas veces me paro a pensar en qué seremos capaces de hacer si no tuviéramos reparo en matar al sol. O si realmente lo asesinamos todos los días, un poco. No tengo la capacidad de creación de este maestro del arte literario —personaje en ristre—, capaz de crear una historia «que caliente en invierno y refresque en verano». Pero, posiblemente, poco a poco me convenza de que estoy despierto y no sonámbulo.

Niannian, el nuevo sol

Es cierto. Estoy hablando de despertar, de soñar y de dormir despierto. La muerte del sol resume una larga noche en la que los habitantes de un pueblo sufren, durante una noche, un sonambulismo colectivo, desatando sus deseos y su furia más terrible. Puede que ahora se entiendan mejor mis palabras, aunque no creo que hiciera falta explicación alguna. Todos nos hemos entendido. Niannian, nuestro querido «idiota», lo entendió perfectamente. Supo del desastre, supo de la locura y supo llegar a comprender a su querido vecino, el escritor, «el tío Yan».

Supe que el mundo era presa del caos. Que se había revuelto aquella noche sonámbula. Los que no iban sonámbulos se aprovechaban de los que sí para ponerlo todo patas arriba. Eran más los que simulaban estar sonámbulos que los que lo estaban de veras. Muchísimos más. La gente aprovechó el sonambulismo para echarse a la calle a robar. Para levantarse en armas como en tiempos de guerra. Para enriquecerse como en tiempos de guerra.

Niannian lo entendió. No faltan muchas palabras para que la historia cobre sentido. Pero es cierto que nuestro querido muchacho se declara idiota, muy idiota. Niannian el Idiota le llaman en el pueblo. ¿De verdad? Pocos describen la crueldad, la dureza, la furia, la desesperación y la desolación con la dulzura, la pasión y la musical belleza con que este niño idiota lo hace. Ama lo suyo, su sociedad, porque es la que comparte, la que observa, la que vive. Le preocupa. Le apasiona tanto como ver cada detalle de la naturaleza, de la vida. Yan Lianke, muestras tanta belleza en esa locura y en ese miedo, que la noche no llega a ser oscura del todo. Hasta que vuelva a salir el sol.

Yan Lianke, el eterno sonámbulo

Maestro entre el pueblo, haces que mi querido Niannian sea un pequeño rayo de sol en la oscura realidad. Tú, que paseas desde la cabaña de la presa hasta la casa familiar, vecina de la de los Li. Tú, que escribes en sueños, tienes ideas mientras te empapan la frente con un paño húmedo. Solo tú eres capaz de mezclarte entre tus palabras, entre tus páginas. Haces que el sol aparezca en medio de un estanque de grasa. Haces que La muerte del sol sea lo que muchos llamamos literatura.

Es verdad, hablo de literatura. Personaje dentro de la novela, Yan Lianke es capaz de mezclar la ficción con el pensamiento real de una sociedad que vive sonámbula, aunque despierta. Es capaz de convertir una crítica social en argumento descriptivo de una sociedad sumisa a sus tradiciones. Es capaz de levantar el sol de detrás de las montañas. Capaz de narrar, de manera clara y concisa —incluso me retienen los pensamientos orwellianos—, una sociedad dormida, pero despierta.

Estaba claro que iban todos dormidos aunque parecieran despiertos. Que estaban despiertos, aunque parecieran dormidos.

Libro publicado por Automática Editorial

Automática editorial La muerte del sol Narrativa Novela Yan Lianke


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