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'Maldito amor', de Rosario Ferré
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA en 24 junio, 2021
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Maldito amor, esa evolución llevada a la pantomima, a la mediocridad del aparentar y a la lucha por permanecer en las altas alcurnias al son de Juan Morel Campos. Irónica, de época, Rosario Ferré nos adentra en el paradisíaco Puerto Rico, «oxímoron de Costa Rica», con una elegante narrativa, dulce, desgarradora a la vez. Españoles o estadounidenses, nativos o de la metrópoli, son voces que se escuchan en consonancia con el silencio.


'Maldito amor', de Rosario Ferré, un viaje al Puerto Rico del cambio en una maravillosa narración. Publicado por La Navaja Suiza.
Isla, entonces, escasamente tierra, pero todo corazón y puerto, lugar de tristes despedidas y de eufóricos recibimientos, entrada y salida, quicio y dintel, pórtico, portezuela, trampa; país tamaño sello y con complejo homeopático; foto que todos cargamos en el bolsillo; país rico de puerto y pobre de costas; Puerto Rico, oxímoron de Costa Rica; país apostillado por América del Sur y apestillado con América del Norte; pero, ante todo y sobre todo, atracadero, desembarcadero, fondeadero del paraíso de sueños.
Rosario Ferré

Así reza el pensamiento de Ferré al inicio de este maravilloso compendio de relatos unidos por un solo motivo: la evolución de la isla boricua a través de las vivencias y las miradas de los de la Valle. Evidente resulta el amor por su tierra, la historia y su aroma, que hace de la literatura plasmada en Maldito amor un pastel rico en azúcar de caña, acompañada del rico ron y con un «riñón de Colón» de previo paladar. Cuidado con la esencia de la caña, amargo en demasía, como el lector podrá comprobar.

Y es que la travesía entre Guamaní y Santa Cruz, o la misma capital, puede ser un camino lleno de obstáculos si el apellido heredado posee herencia criolla o la elegancia maquillada de los viejos elencos continentales. Una denuncia elegante, esa es la palabra, que recuerda a la literatura de época, con la lírica funcionalidad de una pluma afilada en el acero más cortante.

Un «corazón sagrado»

Necesito hacer mención, antes que nada, de esta metáfora tan cuidada. Maldito amor recoge tres relatos y una nouvelle —del mismo nombre— a través de los cuales podemos visualizar una evolución decadente de la alta sociedad portorriqueña y de la vida en la isla en sí misma. De la Valle, familia de alcurnia caduca, y sus generaciones, son la luz de esa candela que Ferré utiliza para escribir sus afiladas letras cubiertas de crema y nubes de azúcar.

En ellas plasma con delicadeza la decadencia de los intereses empresarios y la lucha por mantenerse en las altas esferas, sin importar el precio a pagar. Matrimonios convenidos, educaciones estrictas en moralidades defectuosas, escenas convertidas en posibles reinas del carnaval al que no solo acuden los tradicionales burgueses, sino al que se les abren las puertas a las boas, tocados de flores y salsas al son.

¡Quién te has creído que eres, grifa de mierda, mulata zarrapastrosa, si ni para cocinera ni para sirvienta sirves, mucho menos vas a servir para reina, empingorotada sobre tu trono como la glorificación de la chusma y de la vulgaridad! ¡Maldito el día en que pusiste el pie en esta academia! ¡Malhadada la hora en que te trajeron aquí para que te educáramos, denigrando, como lo has hecho, a nuestro Sagrado Corazón!

Es la elegancia de la reivindicación del papel de la mujer, esa esposa comedida con los alfileres de costura siempre preparados para zurcir, o «sietear» más aún, cualquier descosido fuera de lugar. Son ardides por poder, astucias vendidas entre miembros del mismo clan y apariencias de clase en colegios privados en los que no se aceptan regalos entre alumnas como símbolo de amistad; ni siquiera un simple mango, dulce como la inocencia, y que en nombre del Sagrado Corazón es símbolo de mal comportamiento y una moralidad digna del mismo diablo. Hay que dejar que se pudra en un rincón del pupitre.

—Aquí tiene, madre —dijo, adelantándose a la madre Artigas con una profunda reverencia—. Aquí tiene su Sagrado Corazón. Se lo regalo.
Montaje a partir de la portada de la edición de La Navaja Suiza

Clase y estilo

Son tiempos revueltos. La clase burguesa, los estadounidenses y sus bancas, que no bancos, y un sinfín de emperifolladas maniobras de sugestión y mercadería. Maldito amor es una ventana abierta al conocimiento de una época en la que no se es consciente del cambio; en la que los coletazos de un pasado de bailes, haciendas, emporios y mansiones se transforman en mestizos conciertos en los que el rock y la salsa batallan a muerte, la identidad se asoma a los puentes y la conciencia perturba la noche. Aunque se prefiera la música clásica.

Eran los tiempos en que la burguesía criolla de la capital había bailado codo con codo junto a los Roosevelt y los Ford: en que los hijos de la crema y nata, vestidos de dril cien, habían jugado al tenis, al bridge y al backgammon, y paseado gentilmente en sus Model T a orillas de los jardines versallescos de los Vanderbilt, antes de darse cuenta irremediablemente de que jamás serán invitados por ellos ni a beber un vaso de agua.

Una y otra vez asistimos a ese cambio del latifundio heredado del colonialismo español a la era del desarrollo industrial; a cómo la burguesía lucha por la no adaptación y la herencia popular toma la voz al poner los pies en la tierra. Y todo ello, Ferré lo hace con estilo, con la elegancia de la narración envolvente y con una concienciación inyectada en la piel del lector que le abraza y lo acuna en el regazo de ese «paraíso de sueños».

Porque la amistad con los nativos no podía pasar de un cordial saludo de bufanda o de guante de cabritilla, ejecutado a distancia y a la inglesa desde su Rolls Royce y su Bentley descapotables; porque quién se creían esos negros refistoleros que eran, decían, llamando por teléfono a sus vecinos los hermanos Ben.

Maldito amor

Es un lujo contar con narraciones tan exquisitas, tan dulces y certeras, a la par que reivindicativas, irónicas y afiladas. Rosario Ferré aboga por un relato realista, decorado con la prosa más clásica latinoamericana, en el que el amor, la conciencia y la denuncia social hacen un todo. Ya se hablaba de la magnitud literaria de Papeles de Pandora, y se corrobora con Maldito amor. Un viaje delicioso, intenso, digno de cualquier amante de la buena literatura contemporánea. Puede ser veneno en una taza de oro; podemos ser Isolda; o podemos elegir el amor, ya sea por la patria, por la tierra, o por nosotros mismos. Al final, cualquier decisión es propia; y certera.

—Ya sé que usted es diferente —le dijo el anciano—, pero a veces es necesario apostarle a la farsa del amor. Hasta los perros, créame, cuando se quedan solos, aúllan.

Libro publicado por La Navaja Suiza Editores

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