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'El mes más cruel', de Pilar Adón
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA BREVE en 7 febrero, 2021
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El mes más cruel es la unión del relato con la intimidad personal. La metáfora del libro como ausencia y evasión. Pilar Adón recrea con su amable y poético lenguaje la crudeza y la irrealidad de unos seres casi humanos dentro del espectro de la vida; son, sin más, episodios de un trayecto entre la dura existencia y el encuentro del yo —efímero— en nuestra realidad.


El mes más cruel, de Pilar Adón, refleja todos los disfraces que utiliza la debilidad humana en una narrativa de exquisita belleza poética.

En el momento leí a Marta Sanz escribiendo sobre El mes más cruel me di cuenta de que estaba hablando, sin lugar a duda, de Pilar Adón. Después de leer Las efímeras, lectura que recomiendo encarecidamente, y haber escuchado a Adón hablar sobre literatura, entendí perfectamente a Sanz cuando, sin aspavientos ni titubeos, declara «que no sabe con exactitud lo que Pilar me quiere contar». Porque a Pilar hay que leerla; porque es un libro; porque te conviertes en su libro. Posiblemente yo tampoco lo sepa.

«—¿Le ha contado algo de esto a Elvira alguna vez? ¿Ha hablado con ella de este modo?». Gabriel Murtagh sonrió, ahora sí, de una forma voluntaria, y negó con la cabeza. «—¡Jamás! Con Elvira sólo debo hablar de árboles y de flores y de la perfección del sol al atardecer. Ella no toleraría ningún otro comentario, ningún pensamiento lúgubre.». «—¿Y yo sí?». Gabriel amplió su sonrisa enormemente, y la mantuvo un instante. Casi parecía feliz. «—Claro. Usted… Puede afrontar estas cosas. Usted lee.».

EL MES MÁS CRUEL

La globalización de un personaje

Los relatos dentro de El mes más cruel son pinceladas trasladadas a diferentes escenarios dentro de un mismo lienzo. La portentosa sutileza con la que se separan estas escenas lleva al lector a viajar de un lado a otro sin percatarse de que son los personajes los que nos conducen a convertirnos en ellos. Quizá sea por la temática, por su significado, por la potencia que emanan, que no nos damos cuenta de que todos son una misma esencia. Nuestra esencia.

Saltas de un relato a otro porque Pilar Adón es dueña de nuestro tiempo. Porque nos ha esclavizado a la maravillosa narrativa con la que, a través de esa joven, de ese amante, de esa madre, nos educa, nos ofrece refugio incluso nos intenta consolar. Es curioso como la mente —al menos la de quien escribe aquí— no para de vislumbrar una suave cuerda que, con delicados lazos, une a Sara con Marie, acercándolas. Y nosotros estamos justo al lado de la fuente de piedra, de la que hace tiempo que no emana agua.

Pero también es en otoño, en determinados momentos del día, cuando hasta la planta más pequeña puede arrojar una sombra prolongada y armoniosa sobre el suelo.

EL FUMIGADOR

Pero ¿es tu corazón quien habla?

Igual no es una traducción al uso, pero la alusión a El rey Lear puede ser la comprensión de todo el conjunto de El mes más cruel. Una literatura escrita desde la intención de batallar contra la debilidad del ser humano, no una batalla directa, dejémonos de heroísmos. Esa cuerda que une cada uno de los personajes englobándolos en uno es el perchero de todos esos disfraces que cubren la piel de cada uno de ellos. La mente, el corazón: somos capaces o no.

Y, lo que era aún peor, que su inagotable tendencia hacia el remordimiento y la autorrecriminación la empujara hacia un abismo semejante a aquél por el que se había ido a despeñar el cuerpo que poblaba, invariablemente, sus más atroces pesadillas.

EN MATERIA DE JARDINES

La debilidad humana. Esa losa que pesa sobre cada uno de nosotros y que hace que los más temibles miedos vean la luz por cada uno de los poros de nuestra piel. Se disfraza de miedo, de angustia, de soledad, de incertidumbre; Pilar Adón refleja cada una de estas vestimentas para ilustrar todos los relatos de El mes más cruel sin remordimientos. Qué si no un escritor debe hacer. Hablar de los miedos de la forma en que ella lo hace se convierte en poética belleza de las palabras. Ahí es nada.

Sé qué me cuenta

Quizá sí sepa qué es lo que Pilar Adón me está contando. Cada uno de nosotros lo sabe. Porque escribe para que nosotros lo sepamos. Nadie puede descubrirnos qué es lo que nos hace débiles. La ficción puede ser esa puerta que deja entrar la luz del otoño, como la sensación de hojas que caen secas cuando leemos El mes más cruel.

Muchos dirán que el tono de angustia, de desesperación y de infelicidad que decora cada uno de estos relatos es poco más que una prosa anclada en el XIX. Sí, son tendencias, o influencias, o como se les quiera llamar. Pero es una narrativa exquisita en la que se manifiesta una precisa maestría en no decir aquello que la novela —el relato en este caso— debe decir, sino lo que el lector quiere que le diga. Porque leemos, no lo olvidemos. Es impresionante la exquisitez mostrada. Y no abandonemos la idea primordial; no nos convirtamos en «fumigadores»:

«—¿Comprender el significado de qué, señor Berkowitz? ¿A qué se refiere?». Marcel Berkowitz cerró los ojos, y murmuró: «—El significado de la renuncia, querido niño. La tan penosa pero balsámica renuncia a la propia dicha…»

MARCEL BERKOWITZ

Libro publicado por Impedimenta

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