menu Menú
'Miquiño mío'. Cartas a Galdós, de Emilia Pardo Bazán
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en ENSAYO en 18 enero, 2021
'Las esposas de Los Álamos', de Tarashea Nesbit Anterior 'Nuestra piel muerta', de Natalia García Freire Siguiente

Miquiño mío es solo uno de los afectivos motes, por decirlo de alguna manera, que Emilia Pardo Bazán utilizaba para dirigirse a un grande de las letras. Más cariñoso puede llegar a ser el calificativo que, desde mi simpleza y mi honrada modestia lectora, otorgue a esta epistolar obra. Con una excepcional labor introductoria de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, realizamos un íntimo viaje por la admiración, amor y pasión de los dos maestros.


Miquiño mío. Cartas a Galdós, una recopilación de correspondencia entre Pardo Bazán y Galdós editada por la editorial Turner

«Es cierto que en los objetos no permanece de su dueño más que lo que nuestra imaginación quiera añadir». Así, con estas sabias palabras, da casi comienzo la travesía que nos conducirá a la epistolar relación entre don Benito Pérez Galdós y doña Emilia Pardo Bazán. He querido entrecomillar estas palabras de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández por un claro motivo, ya que mucho se ha hablado de la relación entre estos dos grandes maestros de la literatura, más aún de su correspondencia.

En todas las cartas que podemos leer en Miquiño mío aparece la persona, la escritora, la mujer, la «guerrera». Siempre van en una sola dirección. Excepto en la introductoria, que ya don Benito da a entender que lo que vamos a presenciar es algo más que simples comentarios entre colegas. Pero somos nosotros, los lectores, quienes aplicamos a los dueños de esas palabras escritas algo más de lo que pueda permanecer en el papel. Vale la pena vivir el final del XIX y principio del XX como si fuéramos personajes de un Episodio Nacional.

Un camino narrado

Aquí se termina un camino iniciado hace ya algunos años en Marineda. La breve semblanza de Emilia Pardo Bazán ofrecida en estas páginas es solo un acercamiento a una de las personalidades más singulares de la literatura española del siglo XIX. Las cartas aquí reunidas intentan reconstruir una relación colmada de momentos de plenitud o de inevitable desengaño y melancolía. Estas mismas cartas me llevaron a lugares en los que creí encontrar alguna huella de la intensa vida que los llenó. Pero como doña Emilia sabía, solo la palabra escrita conserva el poder de detener la existencia, y convertirse en el tembloroso recuerdo de un tiempo que se fue.

FINAL DEL PRÓLOGO. I. PARREÑO Y J. M. HERNÁNDEZ

Marineda, esa A Coruña que nos sirve de inicio de un viaje casi íntimo a una vida desconocida para muchos pero de vital relevancia para la comprensión de todos los pasos que vamos a dar. Será a partir de las palabras de doña Emilia cuando entremos de lleno en una vida completa; llena de emoción, de cariño, de amistad y deseos profundos. Y no nos vale cualquier calzado; una narración sutil que nos introduce la epistolar relación, comenzando por la casa de los Pardo Bazán, y que ha sido el enganche primordial que aferre la pasión por descubrir más de esta mujer, con mayúscula.

Un viaje en la memoria recorriendo aquellos lugares que hicieron a doña Emilia quien llegó a ser. Su casa de la infancia o su independizada morada, lugar de consagración con la escritora que llevaba dentro, nos involucra pasional e íntimamente en una vida llena de palabras sabias y eternas —seguro—. Nos introduce en un final de siglo, ya no hablar de principios del XX, con tintes literatos y eruditos.

El amor y la denuncia

Parreño y Hernández, en Miquiño mío, no solo han hecho una magnífica labor recopilando una gran serie de misivas representativas del amor, afecto y profesionalidad de los dos escritores; el énfasis insuflado en los aspectos más relevantes de la personalidad de Pardo Bazán hace mella en el lector instruyéndole en las artes de la crítica social y literaria. Bien es conocida su fuerza en la lucha contra la desigualdad de la mujer en un mundo de varoniles «gordos»; pero no decae en diplomacias, sino que la sinceridad abandera su pasión por lo que hace.

No creo que los gordos rompan su mutismo, y menos estando yo de por medio; y no porque me teman, como V. dice (pobre de mí) sino al contrario porque les parezco tan pequeño adversario como David a Goliat. Si se arma la jarana, ¿qué pudo hacer yo sola?

CARTA DEL 6 DE MAYO DE 1884

Alternando disputas y cariños, Pardo Bazán demostró ser, al menos eso me dicen sus cartas, que, tanto en lo profesional como en lo personal, doña Emilia fue una mujer entera, dispuesta a alcanzar el aire que le daba la vida, no sin anclar sus pies en tierra firme. Ni los desprecios de las grandes plumas hicieron mella en su trayectoria, quedando demostrado el apoyo incondicional —celos incluidos— de don Benito y la admiración de ella hacia su trabajo.

Morriña según Clarín es bastante mala, aunque Insolación es todavía peor. En su afán de poner defectos, hasta fue a sacarme una falta de gramática cometida en la Dama Joven, figúrate tú dónde va ese, y las que yo le podría sacar a él, y las que se le sacan fácilmente a cualquiera con ese sistema. Para mí la mala fe es evidente, y evidente también la intriga de Palacio, el cual no puede sufrir que la gente me ponga a mí después de ti y de Pereda, porque ese tercer sitio lo quiere para sí el apagado y soso autor de Maximina.

CARTA DEL 25 DE NOVIEMBRE DE 1889

Tres etapas

Digno de resaltar también, aunque los estudios así lo corroboran, la narrativa prologuista de Parreño y Hernández. Cuentan una historia, real, eso sí, como una parábola —aquí entra la ciencia exacta y la lingüística— que alcanza el clímax a finales de la década de los 80 del diecinueve. Narran, no ensayan, y eso es muy de agradecer. Conocer la intensidad considerativa de doña Emilia hacia su «ratón» hace que entendamos sus inquietudes sobre su estilo de vida; visión social y entendimiento de la justicia y verdad.

Si el coqueteo de las primeras epístolas es más que evidente, la pasión con la que admira doña Emilia al autor de los Episodios Nacionales roza la culminación. Sin olvidar su presencia en el panorama literario español de la época, doña Emilia lucha con todas sus fuerzas para no caer en el feminismo absoluto y defiende la igualdad según su valía. Lo demuestra en su apoyo hacia las injusticias cometidas contra otros de su misma profesión.

¿No va V. al Congreso literario? Bien hecho. Ahí enviaron de todas partes cuatro gatos, sin títulos ni méritos ningunos: en fin, nos tratan como a españoles.

CARTA DEL 14 DE OCTUBRE DE 1887

Durante 1888 y 1889, las cartas suben de tono sin perder la compostura, y nos dan a conocer a una Emilia humana, mujer y escritora. Quizá sería la etapa más carismática de su relación con don Benito, por no decir más profunda y sincera. Y hablamos de no perder la compostura por el descenso en la intensidad de sus palabras ya entrado el siglo XX. Amigos, amantes y compañeros de lectura y academicismo. Miquiño mío es el reflejo de estos dos grandes escritores que vivieron la vida y que, al menos doña Emilia, supieron enfocarla sin titubeos hacia su meta: ser ellos mismos.

Libro publicado por Editorial Turner

Benito Pérez Galdós cartas Editorial Turner Emilia Pardo Bazán Ensayo Isabel Parreño Juan Manuel Hernández


Anterior Siguiente

keyboard_arrow_up