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'Nuestra piel muerta', de Natalia García Freire
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA en 9 enero, 2021
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Hablar de Nuestra piel muerta es hablar de dolor; un dolor que recuerda; un recuerdo que hunde; el hundimiento del ser humano hasta convertirse en ese insecto que devora el miedo, la tristeza y la añoranza. Natalia García Freire utiliza el arma más poderosa —la palabra— para trasladar al lector al más puro infierno interior colmado de reproche, temor y supervivencia. El infierno íntimo. Donde el zumbido de los insectos es la paz que todos buscamos. Hablar de Nuestra piel muerta es leer Nuestra piel muerta.


Hablar de Nuestra piel muerta es hablar de dolor; un dolor que recuerda; un recuerdo que hunde; el hundimiento del ser humano hasta convertirse en ese insecto que devora el miedo, la tristeza y la añoranza.

He decidido sentarme en un montículo del parque, suerte que había uno libre, para dejar escapar mi interior y poder observar qué hay dentro. Imagino que la señorita Nancy está cerca, viéndome. Pero no voy a dejarle subir a mi pecho. Sí que coloco un libro sobre él, porque es la esencia que me ha llevado a enredarme en una maraña de pensamientos, recuerdos y reproches, más a mí mismo. Ya no queda nadie a mi alrededor. He decidido cerrar las puertas, pasar los herrumbrosos cerrojos y atrancar las ventanas. He mudado mi piel muerta.

Dejé atrás todos los caminos cargados de viento y brisa y mientras más me acercaba, más sentía este aire obsceno que ahora lo envuelve todo en este lugar, y que sale por las grietas de las paredes de adobe viejo, por los huecos que deja el papel tapiz, que se cae como la piel muerta; ese aire que parece enturbiar el espacio hasta lograr un tono sepia como de abandono y aglutinar en el piso todas esas formas indefinidas de inmundicia.

NUESTRA PIEL MUERTA

La ceguera de nuestra piel

Leer Nuestra piel muerta es mudarla. Entrar en la espiral de desconsuelo, timidez, amor odiado e ira anclada en las entrañas que Natalia García Freire nos ofrece en esta —impresionante— obra es encerrarnos en una cueva a apreciar nuestro silencio, nuestra savia, nuestra alma. Deja helado, es verdad; ni el aguardiente es capaz de hacernos olvidar aquello que machaca nuestra conciencia, un pasado errático y destructivo a través de un lenguaje ocre, maloliente, sincero y que te envuelve en la narrativa más cercana. En otras palabras: García Freire hace de Nuestra piel muerta que sea eso; nuestra.

Sentado sobre la tumba de su padre, ansía ser ese ejército de insectos que transforman una penos vida en la más pura perfección. Aquí podríamos leer entre líneas —la filosofía perfecta de qué es el ser humano o la perfección literaria en unas páginas—, pero leamos con ese corazón que nadie ve. Es hoy, pero también ayer; una perfecta armonía entre tiempos que inculca la metamorfosis de nuestro personaje a través de esos recuerdos de infancia, esa incomprensión y la locura paterna por destruir aquello que se ama. Volverse ciego y despedazarnos por dentro; aunque abramos los ojos.

Y todos los hombres de la tierra no somos más que hijos de arcilla timoratos y agrietados que deambulamos por la vida ya sin brazo, ya sin pierna, ya deformes. Aunque nadie nos pueda ver.

NUESTRA PIEL MUERTA

Ni siquiera Dios

El bien y el mal. ¿Quién define? García Freire nos muestra una visión de la vida de uno mismo; simple y llanamente. Nos amparamos en nuestra moralidad, en nuestro bien hacer, en nuestras convicciones. Lloramos el dolor de nuestra esencia, los recuerdos que implican ansia de venganza, porque es nuestra naturaleza. No importa si estamos sentados hablando con nuestro pasado muerto. El dolor es aquello que nutre la desesperación por acabar siendo perfecto para la vida que se nos ofrece. Nos arrebatan la sangre, y no hay rezos que impidan ese robo. Quizá sea así desde siempre.

La falsedad, la traición, la avaricia por ser el poder viene de lejos, una tarde, y se instala en el hogar. Ese que ya no será tu hogar. El lenguaje en Nuestra piel muerta te da lecciones de humildad obligada, de sumisión ante la lucidez fingida. Te paras a pensar en todo ello, y miras al cielo: las plegarias no van a ser escuchadas. Solo queda revolverte en la húmeda tierra para fusionarte con los elementos que alguien creó al principio de todos los tiempos, entre luces y tinieblas; más tinieblas que luces.

En una silla estaba usted con la corbata floja y el copete descompuesto, pero sonreía como un pelele con los mismos ojos del Jesús rubio que en la penumbra ya solo se dejaba ver el corazón sangrante.

NUESTRA PIEL MUERTA

Vacío lleno de literatura

Nuestra piel muertaNatalia García Freire. Es breve pero intensa. Un viaje al sentimiento más humano, a la tristeza, a la ira, al no comprender el por qué. Quisiera comparar la lectura de esta maravillosa obra con un cambio de piel, de caparazón. Como los insectos que ayudan a transformar el cuerpo humano en la perfección natural de la vida, mezclándola y devolviéndola a la tierra. Nuestro hogar terrenal.

He ido mudando mi piel. He ido transformando mis entrañas. Viajar de la mano de García Freire a través de esos recuerdos de infancia, de ese dolor impuesto, de entender por qué o por qué no, es una travesía sin retorno. Es formar parte de la tinta que dibuja cada letra, cada palabra, cada frase. Nuestra piel muerta es un principio y un fin sin final. Porque cuando terminas de leer, te sientes vacío, aunque ese hueco lo llena algo mucho más hermoso: literatura.

Estoy francamente orgulloso. Evado mi propia presencia y los demás dejan de sentirla. Me he vaciado de mí.

NUESTRA PIEL MUERTA

Libro publicado por La navaja suiza

La navaja suiza Narrativa Natalia García Freire Nuestra piel muerta


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