menu Menú
Siguiendo el camino
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en en 10 abril, 2021
Página anterior Siguiente página

La vida de los Fitzgerald debía continuar, siguiendo el camino. Debido a su carácter, Mops no iba a permitir que todo se viniera abajo —más no podría, pero era una Knox, era ella, y debía sobrevivir—. Siempre quiso hace lo que a ella le gustaba, si las circunstancias se lo permitían. Quiso volver a colaborar en programas escolares en la BBC, ya que dedicarse a la enseñanza podría considerarse un aval de experiencia. Aunque no lo consiguió, Penelope siguió adelante, la vida empezaba a encauzar un nuevo rumbo y dejaba de ser un navío a la deriva.

La personalidad de Penelope Fitzgerald se mantuvo fuerte, sin decaer. Ese ser reservado, coherente con su propio pensamiento y enemigo de exteriorizar cualquier sentimiento siguió presente a lo largo de su vida. Un curioso ejemplo fue cuando su hijo Valpy se graduó y entró en el Trinity College —siguiendo la senda de los Knox; sus tíos Wilfred y Ronnie Knox formaron parte de sus filas—. Aunque se enorgulleció de él, nunca lo dio dio a entender, posiblemente porque era el camino a seguir; era lo que se esperaba. Siguió el ejemplo de la educación recibida, considerando la vida como una senda llena de obstáculos y cosas «normales» que no debían tener respuesta alguna. Es un detalle en el que se afianza esa especie de «libertad» que ella tuvo. Educó a sus hijos siguiendo la línea que consideraba mejor, no olvidándose de las artes y cultura europea:

Su mayor ambición es que fueran capaces de ganarse la vida, estar muy bien educados y que fueran bilingües. Ese fue el motivo por el que envió a las niñas a estudiar al Lycée, aunque no podía costearlo. «Así nunca se morirían de hambre, podrían ser profesores de idiomas». Fue una aspiración práctica, además de cultural. Quería que sus hijos entendieran, y a ser posible emular, su pasión por el arte y la literatura europea. Su nivel de francés, alemán e italiano era bueno, e intentó aprender ruso y chino en los 60.
Penelope Fitzgerald. A life. Hermione Lee

Es verdad que su adoración por los niños no solo es fruto de su ficcionada imaginación. Durante toda su vida prestó mucha atención a la vida de sus nietos y sobrinos, y se preocupó en detalle por el desarrollo de su vida.

En una época marcada por la ausencia de los hijos, dedicada a ser madre y esposa, muestra una melancolía y una tristeza plasmada en los escritos que solía dejar en sus diarios. Pero la vida cambia, toma su propio rumbo condicionada, muchas veces, por la personalidad de cada uno.

Para Penelope, en sus cincuenta y pocos, su vida doméstica mejoró. No hay rastro de ninguna entrada en sus diarios de carácter sombrío, incluso «suicida», de finales del 66, aunque hubo constantes lamentos por echar de menos a sus hijas y sentirse cansada, triste o preocupada. Pero, después de sus crisis, ella y Desmond se instalaron en, o se conformaron con, un compañerismo afectuoso e indulgente.
Penelope Fitzgerald. A life. Hermione Lee

Otro de los cambios significativos en la vida de Penelope fue la enseñanza. Cuando, en 1960, se mudaron a Londres —recordemos el Grace y A la deriva—, empezó a trabajar de maestra, oficio que dejará después de 26 años de ejercicio, cumplidos los 70 años de edad. Como bien hemos comentado, todo en su vida se había desarrollado en torno a la enseñanza —su título excelente en Lengua Inglesa en Oxford, su colaboración con programas educativos para la BBC, su trabajo de edición para la revista haciendo reseñas literarias y sus exhaustivos y magníficos conocimientos de literatura—, pero, a pesar de ello, es de suponer que no era la tarea que más le gustaba hacer. Sí dejó impronta en Mops, ya que veinte años después dedicaría la última novela que escribió inspirada en su experiencia a esta etapa, At Freddie’s, basada en el periodo que pasó como maestra en la escuela de teatro Italia Conti, convirtiendo a los jóvenes aspirantes a actor en protagonistas. No obstante, por decirlo de alguna manera, nunca se sintió profesora de vocación:

Ella no quería que sus alumnos se sintieran seguros, ella quería que pensaran y se concentraran. Pero nunca se consideró una maestra de vocación. […] Hay muchas quejas en sus cartas que, en aquella época, le escribiría a Maria: «Lunes por la mañana, mi peor día, francamente duro». «Me enfrento a montones de escritos absurdos de nivel A y siento que estoy malgastando mi vida, pero es demasiado tarde ya para preocuparme por eso».
Penelope Fitzgerald. A life. Hermione Lee

Sí fue una buena profesora, no cabe duda. Sobre todo en el área de literatura, como bien demostrarán algunas confesiones de antiguos alumnos, treinta años después, al leer sus novelas, agradeciendo que les inculcara el amor por la lectura y la literatura. Son aspectos que se deben resaltar para poder comprender la intensidad y el trasfondo de la literatura de Penelope. Su crítica —entendamos el término en sentido global— se centraba en desmenuzar el interés literario provocado por las obras que ella consideraba esenciales. No es de extrañar, pues, la importancia de los personajes reflejada en sus textos, una de las características en una obra de ficción que más interesaba a Mops —y que constatamos en sus novelas—, todos perfectamente construidos, con el papel fundamental de ser el hilo conductor.

Siguiendo el camino. Llega el momento de que Penelope Fitzgerald se convierta en lo que realmente quiere ser. Escritor. Y demostró ser una de las mejores en literatura inglesa del XX

Fue en este periodo cuando empezó a escribir. Siendo igual de reservada, lo hizo en la intimidad. Siempre vinculada a este arte, sus numerosos artículos y cartas dan fe de ello, en 1975 publicaba su primera biografía, la de Edward Burne-Jones, artista inglés asociado al movimiento prerrafaelita y admirado por Mops. El arte fue siempre un elemento esencial en la vida de Penelope Fitzgerald, y la amista de Burne-Jones con William Morris y la influencia de Ruskin fueron alicientes más que suficientes para que siguiera sus pasos y los dejara plasmados por escrito. Ese mismo año, 1975, Penelope preparaba ya The Knox Brothers, que vería la luz en 1977 (ver «Un camino que recorrer», en este mismo especial), un homenaje a la familia que tanto le había aportado —los cuatro protagonistas, su padre y sus tres hermanos, ya habían fallecido—. La sensación de estar viajando al pasado y «desmantelar sus secretos fue como seguir un hilo de vuelta al inframundo» (Penelope Fitzgerals. A life. Hermione Lee), motivo que le llevó a escribir la que sería su primera novela, The Golden Child (1977). A partir de este momento se sucederían varias obras basadas en su propia experiencia en la vida —La librería (1978), A la deriva (1979), Voces humanas (1980) y At Freddie’s (1982)— y una biografía de una de las más admiradas poetas de Penelope: Charlotte Mew and friends: With a selection of her poems (1984).

Sus comienzos como escritora, digamos «profesional», no fueron fáciles, pocos autores noveles encuentran caminos de rosas en sus periplos. La muerte de su marido, Desmond, en 1976 y finalizar dos libros para su publicación causaron una sobrecarga de estrés en Penelope que preocupó a su familia, sugiriéndole, incluso, que dejara de escribir novelas y se dedicara a continuar con reseñas y artículos para las revistas. También Richard Barnett, editor en MacMillan, sugirió no considerarla una escritora profesional. La respuesta de Penelope Fitzgerald a esta afirmación ilustra la situación perfectamente:

Me preocupa terriblemente que me digas que solo soy una escritora amateur, y yo me pregunto: ¿Cuántos libros tienes que escribir y cuántos punto y comas tienes que descartar antes de perder el estatus de amateur?
Penelope Fitzgerald. A life. Hermione Lee

La lucha continuará, llevándola, en 1979, a ganar el Booker con A la deriva. El año anterior ya fue finalista con La librería —premio que ganó en esa edición Iris Murdoch, otra escritora de relevante importancia en la literatura inglesa del XX, con El mar, el mar—. El hecho de ganar el Booker fue un elemento agridulce en la vida de Penelope Fitzgerald. Las confrontaciones entre críticos acerca de la calidad literaria de sus obras así como el merecimiento del premio pusieron de manifiesto que, mientras unos seguían anclados en el pasado —incluso con opiniones «intelectuales» humillantes dentro de la que consideró su casa, la BBC—, la valía de Penelope Fitzgerald como escritora excepcional era la bandera de otros.

Sí es cierto que el amor por la historia, el arte y la cultura europea, así como los viajes realizados a lo largo de su intensa vida, le llevaron a tomar un rumbo diferente en su carrera como escritora. Testimonio de ese cambio será la producción que seguiría a At Freddie’s, basada ya en momentos de la historia y en escenarios muy dispares —Italia, Rusia, Alemania—, convenciendo al lector que son suyos propios. No hay duda de la capacidad de Penelope Fitzgerald en ser esa gran escritora que refleja en las novelas.

Una Inocencia Shakespeariana
A la deriva en el Grace

Penelope Fitzgerald

  1. Presentación
  2. En palabras de Hermione Lee
  3. Un camino que recorrer
  4. Voces humanas en la BBC
  5. La librería de Southwold
  6. A la deriva en el Grace
  7. Siguiendo el camino
  8. Una Inocencia Shakespeariana
  9. Personajes y El inicio de la primavera
  10. Fe y ciencia cruzan La puerta de los ángeles
  11. El genio basado en el genio: La flor azul
  12. En palabras propias


Página anterior Siguiente página

keyboard_arrow_up