‘Solenoide’, de Mircea Cărtărescu

MML LITERATURA

MÁS QUE PALABRAS

Leer obras literarias como Solenoide es necesario para entender todas las dimensiones que abarca la literatura. En el plano tridimensional al que estamos acostumbrados en nuestro día a día ―extrapolando la metáfora a las letras escritas―, no tiene cabida una cuarta dimensión si no es con la obra de Mircea Cărtărescu.

Un antes y un después

Estamos acostumbrados a que la lectura de un libro nos ofrezca visiones que abren nuestra capacidad de observación, de comprensión. De un plumazo cambiamos la perspectiva literaria y giramos ciento ochenta grados, volvemos tras nuestros pasos y regresamos a un punto de partida en el que se nos abre una nueva puerta.

Pocas veces ―en opinión subjetiva, desgraciadamente― no solo se nos abre una nueva puerta, sino que todas las que lo estaban se cierran y, de golpe, se abren otras diferentes por las que una luz distinta, como si un cromatógrafo estallara e inundara tu conocimiento de chispas multicolores, te abre los ojos a una realidad de la que conocías su existencia, pero a la que aún no habías despertado.

Sí. Ves la literatura de una forma diferente. Concibes el placer como un todo, o como la nada. Descubres que hay una «cuarta dimensión» a la que debes trasladarte, no sin antes repensar tus carencias, tus posibilidades y tu creencia en ella. Para ello, una relectura aviva más el ansia de saber qué es, realmente, literatura. O, simplemente, recapacitar sobre ello antes de y después de Solenoide.

Una huida al grito de ¡socorro!

Desde un primer momento, ya avisando que debe «despiojarse» el profesor de Rumano, ese narrador atormentado, triste, sumido en sus anomalías, se nos presenta Solenoide como una obra fuera de esta dimensión, como un viaje al fondo de la mente ―de un sarcopto de la sarna― del que nosotros mismo debemos averiguar cómo regresar (o cómo llegar a nuestro destino).

Ni novela ni poema, pues no son ficción (o no lo son del todo), tampoco un estudio objetivo, puesto que muchas de mis acciones son singularidades que no se dejan reproducir ni siquiera en los laboratorios de mi mente. Ni siquiera puedo, en el caso de mis anomalías, distinguir entre el sueño, los recuerdos antiguos y la realidad, entre lo fantástico y lo mágico, entre lo científico y lo paranoico.

Solenoide

El onirismo al que nos adentramos en el viaje a través de Solenoide invoca el terror de conocernos más a nosotros mismos. Esos misterios que anidan en nuestro subconsciente aplacan por instantes de la vida real esos miedos que nos infunde lo desconocido. No es sino al alcanzar la luz en medio de la oscuridad de los sueños cuando encontramos la esencia. Quizá seamos todos piquetistas y la pancarta que aireamos en medio de la realidad solo tenga escrita la palabra «¡socorro!».

Profesor, sarcopto, ciervo volador… e hijo

Localizada en «la ciudad más triste del mundo», Bucarest, Mircea Cărtărescu nos presenta un ser literario sumido en su fracaso ―La Caída, su primera producción literaria fallida, objeto de burla y eje primordial de los solenoides que vigilan subterráneos la ciudad―, profesor de lengua y literatura de opción, que lucha a través de sus sueños contra la desolación interna, contra unos visitadores que le van abriendo los ojos y contra una hiperrealidad que procura enfocarle para pedir ayuda a sí mismo.

El realismo de las metáforas presentadas en Solenoide invoca las entrañas del ser místico que lleva dentro, ese pasado que el protagonista va narrando desde sus recuerdos en el vientre de su madre, la conexión con un gemelo perdido a los pocos meses de vida, parte de él mismo, las reuniones en la sala de profesores con las que enlaza una visión de la vida en una ciudad arruinada, desde el comunismo triste con trazas surrealistas hasta la ficción más abominable del ser propio.

Vivo en mi cráneo, mi mundo se extiende entre sus paredes porosas y amarillentas y consta, casi en su totalidad, de un Bucarest que flota en él excavado como los templos tallados en la roca rosada de Petra […] El resto es especulación, fantasmagoría, la ciencia del reflejo y de las refracciones en medios translúcidos. Mi mundo es Bucarest, la ciudad más triste que se haya erigido jamás sobre la faz de la tierra, pero, al mismo tiempo, la única verdadera.

Solenoide

Solenoide es un viaje desde el pasado, desde las penurias, desde la infancia, pasando por una intervención quirúrgica con motivo desconocido, un internado para paliar la tuberculosis ―y para descubrir el mundo de las realidades subjetivas―, una profesión fallida y otra sin finalidad, y un submundo lleno de membranas, insectos, sectas, islas de amapolas con tesoros que no alcanzan la comprensión humana, para llegar a la levitación dimensional de la realidad: el amor de hijo, el amor de padre.

La dimensión deseada

Creo haber alcanzado la visión más allá de la dimensión plana de un libro. Las anomalías de cada uno están ahí, sin enlaces, sin unión. Solo la fascinación por la intrusión interior cada vez que se lee un párrafo puede albergar la tranquilidad de una soledad personal como el estar en un vagón de tranvía camino de una casa en forma de barco a altas horas de la noche. Con un ciervo volador en la palma de la mano.

Parece que estemos hablando de palabras sin sentido, de horrores literarios sin conexión fundamentada. Al terminar la lectura de Solenoide sentí ese mismo horror, o el mío propio, quizá. Después de viajar a través de las palabras de Mircea Cărtărescu, de esos manuscritos en forma de diarios, en forma de sueños, descubrí que ese traslado a las entrañas de lo onírico, de los miedos propios, de alcanzar la verdad expuesta por esos solenoides, no era sino el camino de mi pasado a mi presente. El horror de descubrir qué es leer literatura. Un camino desde el pasado, como el de ese profesor de Rumano, y que me lleva a la verdad de la literatura: Solenoide.