‘Tributo a Blenholt’, de Daniel Fuchs

MML LITERATURA

MÁS QUE PALABRAS

La película bien podría ser anunciada en los grandes tabloides americanos de los años 30. A pesar de que hablamos de una obra literaria de magnitud solo comparable con la idea de inventar el zumo de naranja embotellado, Tributo a Blenholt bien podría ser la superproducción cinematográfica en la que Daniel Fuchs reuniera, bajo su batuta, a los más grandes actores de la época.

Tributo a Blenholt, de Daniel Fuchs y publicada por Automática editorial, bien podría ser una superproducción literaria digna de Hollywood de los 30

Vamos a contar una historia. Otra más, es cierto, pero especial. Imagínese el lector que una mañana cualquiera, en esa vida de sueños alcanzables solamente en su mente, se levanta con un propósito encomiable: rendir tributo a su héroe más amado. La vida le sonríe, las calles le hacen reverencia al pasar, los edificios le admiran por su porte y poderío, y cuando vuelve a casa, esa misma vida que le estaba sonriendo hace solo unos instantes le da una bofetada que hace que su cabeza de varias vueltas.

Ya hemos despertado en esa mañana cualquiera. La vida, querido lector, tiene un propósito: aleccionar a todo aquel que habite en ella. Ahora supongamos que esa vida está narrada con humor inteligente, realismo con pinceladas de locura, situaciones grotescas, personajes sacados del cine mudo ―Charles Chaplin es un gran referente, es cierto― y una sátira, ironía, sarcasmo ―como quieran llamarlo― que abre los ojos del lector de par en par. Exacto. Esa es la historia. Maravillas de la vida. O magia, como diría la señora Wohl. Literaria, eso sí.

Aunque la señora Wohl pensaba que, a su edad, lo había visto todo ya, Estados Unidos era un país grande y tenía montones de sorpresas con las que desconcertarla cada semana. «Estados Unidos y sus inventos ―decía―. Todo aquí tiene que funcionar con magia».

El gran sueño americano

Daniel Fuchs es uno de esos maestros que muchos desconocemos y a quien no podemos sino admirar una vez leemos Tributo a Blenholt. Un país en resaca de la Gran Depresión, en el que los sueños de los humildes vienen envueltos en celuloide, en revistas sensacionalistas y en famosos de la costa oeste luciendo peinados a la última, fumando cigarrillos despreocupadamente y viajando en lujosos trenes a Montecarlo. El típico sueño del miserable, ese que se levanta por las mañanas pensando que mientras no haya nadie que lo vea pasear, puede llegar a ser un poco menos pobre.

Este era el lujo de Balkan: levantarse antes de las siete la mayoría de las mañanas para pasear por las calles, porque entonces sentía que crecía hasta los dos metros y medio y pesaba ciento cincuenta kilos. Estados Unidos está compuesto de soberbios y de mansos, y aquellas mañanas, solo entre la niebla, él formaba parte de los poderosos.

Ese gran sueño americano limita al norte con una casa de vecindad; al sur, con una comunidad judía que aspira a ser más que simples vecinos; al este, con las carreras de caballos, la publicidad de Madame Clara, las ondas al agua, demostrar que Sealwudu no está en Essex y con un matrimonio da igual cómo y con quién. Solo queda el norte: el puente de Williamsburg, la puerta a esa realidad desconocida. Daniel Fuchs es el guardián de esa puerta, y Balkan, nuestro gran héroe americano, le ha pedido las llaves.

Tres viviendas y un funeral

Tributo a Blenholt es un tributo a un ideal. Es un tributo a una forma de vida. Es un tributo en sí a esa casa de vecindad que Daniel Fuchs nos dibuja de un modo elegantemente cómico, irreal ―qué ingenuidad― a los ojos de una sociedad actual. Un nido de pobreza, de clase más que obrera que se comportan como si no fuera con ellos. Teniendo en cuenta que ‘repámpanos’ pueda resultar ofensivo ―Fuchs es genio del lenguaje, no me cansaré de admitirlo―, tenemos una fauna bastante ecléctica que puede ejemplificar el absurdo.

Una familia perfecta: padre-anuncio, vestido de payaso, fracasado actor, amante del Tag ―no se dejen engañar por el gran señor Balkan―; madre burlona, interesada, pro-matrimonio daigualcómooconquién y sufridora compungida; hermana caza-maridos, amante del cuarto de baño y de su maquillaje, y, por último, nuestro superhéroe, el gran Max Balkan, el artífice de este sueño literario, fan de un inspector de alcantarillado ―mafioso en sus ratos libres― al que por todas debe acompañar y darle un último adiós, y creador de ideas fantásticas que revolucionarían el desarrollo social pero que siempre le llegan unos años tarde.

El resto de viviendas en la casa de vecindad van a la par, a saber: un intelectual, sabedor de cientos de lenguas y que no las usa; un vago borracho adicto a las apuestas de caballos; unos niños que desearías que no aparecieran, y unas vecinas que se dedican a las Pathé News. Este es el retrato con el que Daniel Fuchs corona el realismo de una época en la que la comunidad inmigrante intenta la integración social, la supervivencia posdepresión y el aparentar de las revistas por encima de todo. Tributo a Blenholt, sin duda.

La literatura vive en la calle Ripple

No hemos hablado sino de los integrantes de esta gran obra. Sin duda, al terminar la lectura de Tributo a Blenholt solo puedes pensar en hacerle otro tributo a Daniel Fuchs. En los primeros párrafos ya anunciaba la persecución del gran sueño americano. Es impresionante cómo Fuchs adorna su narrativa con un solo elemento: los diálogos. Son la esencia de esta maravilla, y no es por alabar o lanzar ramos de flores al aire. No en vano he hablado de una superproducción cinematográfica.

Mientras vivimos en la casa de vecindad, estamos haciendo un homenaje a todas aquellas figuras del cine y la literatura que sirvieron como estandartes en algún momento de la historia. Como en una película, acompañamos a nuestros queridos personajes en una lucha por sobrevivir, por adaptarse, sirviéndonos solo de sus palabras. No nos hace falta más. Daniel Fuchs no necesita nada más.

Blenholt es, en sí mismo, su tributo. Es la imagen de lo absurdo, de los ideales, de la sociedad conformista, de los honrados, de ese padre que ve cómo los sueños de un hijo se van por el East River, haciendo que envejezca de repente, como le pasó a él mismo. Simplemente porque es así. Hay que integrarse, debemos conformarnos, debemos seguir el curso de la vida, de la evolución de la especie. Quizá no. Es más, siempre nos quedará la literatura de Daniel Fuchs. Siempre podremos hacer nuestro propio Tributo a Blenholt.

Dices que soy lo bastante mayor para comportarme como un hombre, para establecerme, para tener una familia. Dices que tengo que vivir como todo el mundo. ¿Qué significa eso?

Libro publicado por Automática editorial