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'La última vez que fue ayer', de Agustín Márquez
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en NARRATIVA en 18 octubre, 2021
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La última vez que fue ayer no fue, precisamente, ayer. Es un hoy con sabor amargo, un viaje a la vida que perdura en nuestras entrañas. Agustín Márquez utiliza la palabra para evocar un realismo en la narrativa del presente, aquello que no queremos olvidar pero que insistimos en superar. En definitiva, que el «ayer es para siempre».


La última vez que fue ayer, de Agustín Márquez, una novela desgarradora sobre la ausencia del presente y el recuerdo del pasado. Publicada por Candaya

Todos tenemos un barrio, un descampado de tierra donde nos pelábamos las rodillas de tanto caer y levantarnos; una carretera sin semáforo y unos vecinos peculiares. Todos tenemos historias de pantalones cortos, chándales de fluorescente aroma y primeros trapicheos con la vida. Todos tenemos olvidos obligados, chorretones de lágrimas embarradas y recuerdos de dolor infame. Pero no todos tenemos la grandeza de contarlo de una manera arrojadiza, poética al mismo tiempo. Hay quien sí.

La última vez que fue ayer sorprende, y no poco. La evolución y el desarrollo social no siempre va de la mano de la prosperidad, sobre todo personal. La miseria, la supervivencia y una primera persona susurran las historias de un barrio marginal —o marginado— en el que los chicos tienen por nombre letras mayúsculas y la literatura hace el resto.

El resto del descampado es un solar de tierra compacta donde se sobrebebe, donde la lluvia cae sobrecogida y el sol decolora los futuros desechados, donde se estacionan coches y se aparcan problemas, donde el balón de los niños y la comba de las niñas levantan polvo, jeringas y heces, donde el papel de plata tiene precio de oro, donde una caja de cartón y algunas malas hierbas son un chalet adosado con jardín, donde follar es fe de erratas de quererse, y donde roedores y cucarachas son los animales de compañía del barrio.

La soledad del aroma

Huele a ausencia. Durante La última vez que fue ayer aspiramos una tristeza desoladora acompañada de conformismo. No es de extrañar, la potencia con la que Agustín Márquez describe el día a día, año tras año, hace que vivamos dentro de ese descampado añorando aquello que hemos perdido en el camino y que nos hace daño. Sobrevivimos como podemos. Es nuestro ayer que perdura. Hasta destrozarnos las axilas con desodorante.

Huele a primer amor. Incluso el tonteo con el polvo huele. Polvo que inyecta la sabiduría de la calle, sea en vena o en alma. La nostalgia de aquella primera visión del corazón adolescente, roto por la ignorancia y que sigue perdurando en el ambiente. La última vez que fue ayer va de amor. Amor periférico, con cangrejeras de domingo, acompañado de chuchos superhéroes y familias que se recomponen cada vez con menos piezas. El barrio es ese amor. El barrio es ese aroma de soledad.

Fragmento de 'La última vez que fue ayer', de Agustín Márquez, con la imagen de portada al fondo

La pérdida

Marca. La lectura de esta maravilla marca. Agustín Márquez sorprende, y me deja noqueado. Sí, solo hay que leer. No sé si es de cobardes esfumarse, como en la cita anterior. Es de valientes atreverse a enfatizar los sentimientos dentro de una narración y hacerlo bien: como de barrio, para que nos entendamos. Plasmar la personalidad con esa entereza, con ese pincel de macarrilla asustado por el paso del tiempo, qué lujo. Las pérdidas no son fáciles.

Recuerdo el día que fuimos al cementerio a beber, después de tres litronas me preguntaste señalando una tumba qué se sentiría dentro. Ahora ya lo sabes, Chico A, ¿qué se siente? ¿Sabes que Chico B cambió el barrio? Con lo poca cosa que era.

Esta, queridos amigos, es la esencia. La última vez que fue ayer se resume en pocas palabras: pasado, presente y el ayer. Las personas de este barrio evolucionan con poética desgracia: algunos desaparecen, otros se esfuman, el barrio crece, cambia, y nosotros perduramos en la pérdida de ese ayer. En la tristeza de vernos reflejados en una lápida negra con letras blancas. Solo dos fechas, una de ida y otra de venida, o viceversa.

La última vez que fue ayer es una obra que acompaña. Que acompañará por siempre, porque los seres humanos vivimos en ese ayer. Agustín Márquez provoca que la narrativa contemporánea sea un recuerdo que no olvida el aroma a ese ayer. Es el ayer para siempre. Y ese siempre es de los eternos.

Libro publicado por Editorial Candaya

Agustín Márquez Editorial Candaya Narrativa Novela


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