‘Un plan sangriento’, de Graeme Macrae Burnet

MML LITERATURA

MÁS QUE PALABRAS

En palabras del señor Sinclair, «el señor J. Bruce Thomson, a lo largo de sus muchos años de experiencia tratando con convictos y locos, jamás se había encontrado con un solo prisionero que fuese capaz de producir una obra de valor literario, un juicio que subraya la naturaleza excepcional de las memorias del señor Macrae». Quizá Un plan sangriento. El caso Roderick Macrae sea algo más que un falso true crime. Dos palabras: ‘literario’ y ‘excepcional’.

Un plan sangriento. El caso Roderick Macrae, la segunda novela de Graeme Macrae Burnet, publicada por Impedimenta

Me resulta curioso, a la par que agradable, el término «falso true crime». Curioso por la calificación de falso algo que es considerado verdadero. Estamos hablando de ficción, no es cuestión de olvidarlo, pero esa es la causa del segundo sentimiento. Considerar a la ficción como ‘caso real’, un crimen no ficticio, adjudica un valor considerable a la obra narrativa de cualquier autor, estética y literariamente hablando, puesto que acarrea implícitamente el hecho de narrar con maestría y gusto.

Quizá Graeme Macrae Burnet sea, con esta novela, un rayo de luz a un género que estaba viendo cómo el ocaso le ganaba terreno. El planteamiento de un argumento híbrido, entre el relato costumbrista y el informe jurídico de un caso criminal, lleva a valorar la integridad con la que Burnet ha enfrentado la difícil tarea de crear una obra literaria magnífica, sin edenes ni perdices, y de narrativa excepcional.

Tierras Altas y «Tierras Bajas»

Muchos son los temas que un lector pueda encontrar en las páginas de Un plan sangriento. El caso Roderick Macrae. Suena un poco técnico, pero la sorpresa en la comprensión de por qué Burnet convierte una narración en una completa y especiada receta literaria precisa de resaltar ―siempre relativo a la percepción del lector, claro está― de la gran variedad de ingredientes. Muchas veces nos trasladamos a lugares que no conocemos en épocas que no hemos vivido, con la única experiencia lectora de lo que nos cuentan los manuales de Historia.

Bien es cierto que estamos en las Tierras Altas de Escocia en el siglo XIX. La sociedad dista mucho ―o no― de la que vivimos hoy en día. Pero la literatura tiene el poder de convertir las palabras en vivencias, en pensamientos y en convencimientos. Hablamos de una sociedad de clases, aparceros que pagan por sus tierras, considerados inferiores a todos los aspectos, y es ese sentimiento el que lleva al lector a cruzar la línea del true crime al falso crimen verdadero.

Visto su porte en general, resultaba evidente que era de naturaleza inferior, aunque no tan repelente en sus rasgos como la mayoría de los sujetos de la clase criminal, quizá porque no respiraba el mismo aire fétido que sus deudos de la ciudad.

En todo y con esa denuncia perceptiva, Burnet utiliza la magia literaria para estructurar la novela no solo según sus partes definidas, sino según los sentimientos que van aflorando en el lector al avanzar en el relato. Desde el cariño por un joven adolescente que quiere aprender de la vida hasta ese valiente que defiende el honor y actúa, cuerdo o no, según le dicta su propia Providencia. El Diablo se viste de injusticia y usa las armas de poder como testigos de un canto a la muerte de las «tierras bajas».

Tradición y crimen

Desde el primer momento en el que el lector atisba un grado de superioridad moral y de clase, aunque este sea casi inapreciable, se desencadena la terrible venganza por parte del autor. Enlaza la crueldad de un crimen ―y no hablamos precisamente de muertes, sino de acoso, avaricia, envidia y soberbia― con el bucólico paraíso de un costumbrismo anclado a la tradición, con inocencias e ignorancias por parte de los lugareños mezclados en el pavor religioso y chismoso del qué dirán. Este es el punto en el que al navegar por las Highlands escocesas de la mano de Burnet, la lectura se convierta en una admiración de cómo una simple narración pueda convertirse en algo tan personal a ojos ajenos.

Estamos ante un juicio del que el mismo lector quiere ser testigo. Las tradiciones, las costumbres, muchas veces juegan malas pasadas inconscientemente. Conocemos el manuscrito de Roddy. Es cierto, y sufrimos con él al mismo tiempo que el cariño hacia este muchacho va creciendo en tamaño y fuerza. Un plan sangriento. El caso Roderick Macrae dista mucho de ser algo que no incumbe, a no ser que formes parte de ese grupo que se hacen llamar «caballeros».

Un verdadero crimen

Hemos comentado la diversidad de temas, pero no se ha profundizado en ello. Quizá el lector debiera inmiscuirse en los manuscritos que el propio acusado redacta a petición de su propio abogado, pensando que podría ser utilizado como última bala ante un veredicto condenatorio. Es cierto, no olvidamos la época, la sociedad. Pero eso lo debemos, en gran parte, a una literatura como la de Graeme Macrae Burnet. Podríamos recordar las palabras de Sinclair, arriba mencionadas.

Con el objeto de aliviar a su padre de las tribulaciones que la víctima le había causado.

En esa frase se concentran todos los sentimientos que el lector puede encontrar en esta magnífica obra. Estamos ante un juicio contra nosotros mismos, en el que apenas apreciamos si se trata de un falso true crime o un crimen verdadero. Estaremos locos o no, esa podría ser nuestra defensa. Tenemos testigos. La cuestión es que una magnífica obra literaria como Un plan sangriento. El caso Roderick Macrae debería caer en manos de todos esos testigos. Un juicio justo, a mi parecer.

Libro publicado por Editorial Impedimenta