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'Voces humanas' en la BBC
Por Rubén Soriano Soriano Publicado en en 4 abril, 2021
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Oxford fue, al principio, una etapa difícil para Mops. Estudiar donde años atrás lo hizo su madre, presentarse como la hija de Christina Knox le recordaba los momentos más duros de la pérdida. «Se protegió a sí misma a la más pura manera Knox —brusca y reservada con aquellos a quien no conocía, encantadora y divertida con quienes sí—, aunque ese comportamiento era más una defensa que una herencia familiar». Sin embargo, pronto se aclimataría a la situación y compartiría las inquietudes propias de los jóvenes de una época importante para la historia de Europa. Como ella misma diría en The Knox Brothers, «a los estudiantes de la década de los 30 nos preocupaban tres cosas: el sexo, viajar y la situación política en Europa». A pesar de todo, su época en Oxford impactó enormemente en Penelope, un periodo que vivió intensamente. Aprovechó al máximo sus estudios, valoraba mucho la oportunidad de tener dicha educación.

Fue durante su estancia en Oxford cuando empezó a tener los primeros encuentros con la escritura. No solo los ensayos en sus clases —sus compañeros recuerdan que, ya por aquel entonces, el estilo de Mops era bastante personal: «“Todo el mundo escribía extensos ensayos, pero Penelope Knox solo escribía un párrafo, y era suficiente.” Siempre sería suficiente»—. Empezó a destacar como articulista en periódicos como el Isis o el Cherwell, y lo hacía, cómo no, siguiendo el modelo que dominaba y con el que había crecido: Punch. Artículos, reseñas, incluso fragmentos de ficción que le llevaron a la coedición del Cherwell. Ya empezaba a distinguirse qué rumbo iba a seguir. Al terminar sus estudios, Evoe, su padre, editor de Punch ya por aquel entonces, quien se había vuelto a casar, le dio la oportunidad de trabajar en aquella revista.

El ambiente en Europa ya era inquietante por la inminente guerra; era 1939, aún no habían empezado los bombardeos pero los racionamientos, las carencias de combustible, las máscaras de gas… ya formaban parte del día a día. Penelope Fitzgerald utilizaba dos vías de escape: su escritorio en Punch y el cine —algo habitual en la población y que ella plasmaría en sus muchos artículos de crítica cinematográfica—, como dejará constancia en Voces humanas (Impedimenta, 2019), su cuarta novela, escrita cuarenta años después (1980) y que está basada en su paso por la BBC durante esta época, de marzo a septiembre de 1940, aunque ella no empezó a trabajar allí hasta diciembre de ese mismo año.

"Voces humanas", de Penelope Fitzgerald, publicada por Impedimenta, está basada en el paso de la autora por la BBC

Voces humanas representa el estado de ánimo de un país en época de guerra. Es la percepción humana de la incertidumbre, del desasosiego ante una situación oscura, de miedo. La BBC actuaba como un sistema protector ante todo lo malo que estaba pasando. «Para aquellos que estaban en casa, el sonido de la guerra era el de la radio». Pero Mops, al recordar esta experiencia escribiendo la novela, demuestra su intencionalidad de llevarla más allá de representar una época.

Llama la atención la máxima que, continuamente, se refleja en las páginas de Voces humanas. La intencionalidad de resaltar la palabra, el hecho de decir la verdad sin considerar el alto precio que puede costar, es una de las batallas a la que los trabajadores del ente se enfrentan día tras día. No importa el acto en sí ni las reglas que se incumplan, siempre y cuando se consiga el objetivo. Los oyentes esperan conocer realmente qué ocurre y cómo afectará en sus vidas. En periodo de guerra, mantener ese objetivo es impensable, es cierto; es admirable la base construida en uno de los valores que hacen al ser humano vulnerable.

—Había dos directores y tres ministerios: el de Guerra, el de Información y el de Suministros. La habían convocado, muy adecuadamente, a mi juicio, en interés de la verdad.
La palabra había dejado huella. La Broadcasting House se dedicaba, de hecho, al proyecto más extraño de la guerra, de cualquier guerra, esto es, decir la verdad.
Voces humanas

De forma magistral, utiliza el tono dramático de la historia para convertir la rutina periodística y la labor informativa en una especie de obra teatral, casi cómica y, se podría decir, surrealista, en la que todos los personajes sufren una metamorfosis personal cada diez segundos. Porque el tiempo importa. El individualismo de cada uno de los personajes evoca esa tendencia a interiorizar el miedo ante una situación cada vez más preocupante y que, a su vez, distrae de la colaboración del equipo en la labor de informar. Aunque estamos ante una coralidad abrumadora —una característica que apreciamos en todas las novelas de Penelope Fitzgerald—, sí que observamos que la virtud de cada uno es complementaria a los defectos del otro, manteniendo así una estructura de evasión continua ante el desastre de la guerra.

Como institución incapaz de mentir, era la única en la invención de dioses y hombres desde el oráculo de Delfos. Como gestores, no eran más que pasables, pero ahora, al acercarse el otoño, y con los exiliados amontonándose en las nuevas secciones, transmitían en el sentido estricto del término, difundiendo voces humanas en las tinieblas de Europa, seguros de que más de la mitad habían de perderse, algunas comidas por los pájaros, otras en pedregales y entre espinos, para que solo unas pocas dejaran huella. Y todos los que trabajaban allí, que se quejaban amargamente de la cortedad de miras de sus colegas, de la vanidad de sus locutores de noticias, de la inaccesibilidad de los interventores y de la restrictiva naturaleza de la única cucharita de té del comedor, sentían cierto orgullo, que no tenían manera de expresar entonces, ni tendrían después.
Voces humanas

Penelope Fitzgerald vivó de cerca todo el ambiente reflejado en Voces humanas. Lee afirma en Penelope Fitzgerald. A life que «le encanta recrear en sus obras instituciones o comunidades que poseen sus propias rutinas, sus propios sistemas, peculiares y fanáticos. […] La belleza de todo ello reside en un completo dominio del detalle y en la precisión y en la interiorización con la que pone de manifiesto todos esos detalles». Posiblemente, el hecho de que esos diez segundos sí importen refleje en el desarrollo de la historia. El fanatismo por la verdad en la Broadcasting House resulta casi extravagante, más cuando es la supervivencia del minuto a minuto la que domina la vida de todos ellos.

Si hablamos de coralidad, hablamos de todo tipo de personajes. Estamos acostumbrados, al leer las novelas de Penelope Fitzgerald, a que los que habitan en ellas sean dispares, totalmente diferentes unos de otros. La elegancia con la que conecta esa variedad de caracteres es puesta de manifiesto de manera evidente en Voces humanas. Su comportamiento, procedencia, puesto de trabajo, son indicios de una sociedad realista ante las desigualdades y que bajo el techo de la fortaleza en que convierte la Broadcasting House —sacos de tierra bloqueando puertas y reforzando la estructura, camastros habilitados para el descanso del personal, eso sí, previo pase y categoría—, simplifica y transforma en una especie de tragicomedia teatral en la que hasta el trabajador de menor rango puede, incluso, «dirigirse al rey».

Presentación personalizada de "Voces humanas"
La BBC había sido siempre proclive a estas repentinas y fascinantes manifestaciones del espíritu democrático, nacidas tanto de su moral como del talante teatral y veterano, que recordaban por igual a los de arriba y a los de abajo que compartían una misma vocación y, en aquel momento, un mismo peligro.
Voces humanas

Hay un detalle importante en Voces humanas que merece una especial atención y que pone de manifiesto que la literatura de Penelope Fitzgerald puede llegar a ser mucho más intensa de lo que a simple vista parece. El tratamiento cómico de la novela, partiendo de la base que el lector puede, incluso, considerar algunos pasajes como surrealistas, influye en la interpretación de ciertos valores. La superficialidad con la que plantea ciertas situaciones lleva intrínseca la importancia de esa evasión del día a día y las preocupaciones por no perder esa jerarquía disimulada.

El DPP y él eran, evidentemente, uña y carne, y ya decidirían lo que les pareciera mejor sobre el taxi. Ahora tenía que ocuparse del siguiente problema. A la sección francesa recién instalada no le gustaban las alfombras de color lima y grado 3 que les habían procurado, venciendo enormes dificultades. Era un problema moral, al parecer: querían vivaquear con la mayor austeridad posible y purificarse con el sufrimiento; Londres era la nueva línea del frente hasta que la victoria estuviera al alcance. Con tres alfombras en las manos, así lo habían dejado.
Voces humanas

Más sorprendente es la denominación de la BH como «serrallo». El papel de la mujer durante toda la obra es esencial en la sostenibilidad de la institución, pero hay un punto irónico de inocencia y conformismo en la denuncia ante el comportamiento disfrazado del sexo masculino. El ejemplo más claro lo tenemos en Annie y el enamoramiento inmediato de su superior, Sam Brooks. Los personajes femeninos mantienen su aura de fingida comprensión y entendimiento ante los comportamientos de sus superiores, siguiendo sus preocupaciones como seres individuales, banalizando, muchas veces, problemas más estrictamente humanos. Es cierto que no es exclusivo del sexo femenino; ayudantes del sexo opuesto mantienen también, en cierta medida, esa sumisión disimulada de hombría venida a menos. Pero Annie va más allá y se convierte en ese personaje de infelicidad autoimpuesta, rodeada de romanticismo —nos recuerda esa visión fantasiosa del Oxford romántico— y de sufrimiento interior. La moral y la vida, aspectos pincelados en las obras de Fitzgerald, son, sin duda, uno de los debates escondidos.

Pero la generosidad y el egoísmo no son incompatibles, y su necesidad de dar y compartir no se conciliaba con la convicción de haber sido injusto con Annie. Después de todo, ¿en quién, sino en él, iban a encontrar sus aprendices, esos principiantes de la vida, un ejemplo moral?
Voces humanas

Si observamos detenidamente todos los aspectos reflejados en Voces humanas, el estilo puede ser inconfundible. Estamos aún en una de las novelas basadas en experiencias propias, pero la intensidad con la que Mops introduce ya su magnífica percepción de la historia está latente. Fitzgerald viajó a Italia, Rusia, Alemania, escenarios de sus últimas novelas. Francia es el elemento clave cuando hablamos de historia en Voces humanas. Una relación íntima entre Inglaterra y Francia que Penelope cuestiona de manera ficticia protagonizada por un silencio en antena. El general Pinard, representante de la verdad, bandera de la BH, y el silencio que los oyentes escuchan en vez de su discurso. La verdad, muchas veces, no tiene sonido alguno. El poder de la palabra está en manos de la escritora, en su manera de presentar todos los elementos unidos en una narración exquisita, sencilla, llena de intimidad y de individualismo, en la que todos los personajes huyen de la guerra con el intento de no perder la rutina. Incluso compartiendo la única cucharilla de té. Una novela en la que diez segundos cuentan.

Las voces humanas de la BBC siempre permanecerán presentes en la vida de Penelope Fitzgerald. Ya casada con su marido, Desmond Fitzgerald, en esta novela deja evidencia de una época difícil pero que consiguió, a través de su escritura, convertirla en una amena ficción cómicamente realista, sin dejar de lado todo su carácter Knoxiano basado en valores y autoaprendizaje. Fue su cuarta novela, aunque siempre tuvo una sola voz.

En agosto de 1942, Penelope Fitzgerald contrajo matrimonio con Desmond Fitzgerald, dos años después de que comenzaran una relación. Posiblemente coincidieran en Oxford, pero no fue hasta 1940, en el verano, cuando sus vidas tomaron el mismo rumbo. «Él era su “soldado irlandés”».

Siguió trabajando para Punch como articulista y como redactora en la BBC. Todos estos trabajos ofrecieron la oportunidad a Penelope Fitzgerald de seguir formándose en uno de los principales pilares de su literatura: la simplicidad y la economía narrativa. Como observamos en todas sus novelas, el estilo es llano, sin barroquismos llenos de información vacía. Paralelamente le servirá para plasmar esa intimidad propia que ya le caracterizaba en los ensayos que escribía durante sus clases en Oxford. Necesitaba el dinero, la vida estaba siendo difícil; la vuelta de su marido de la guerra en África le había convertido en un hombre bastante inestable. En 1946 nació su hijo Edmund Valpy. Convertida en madre y esposa, los tres volvieron a Hampstead; la vida no le estaba saliendo como la había planeado. La vida no entiende de eso.

La librería de Southwold
Un camino que recorrer

Penelope Fitzgerald

  1. Presentación
  2. En palabras de Hermione Lee
  3. Un camino que recorrer
  4. Voces humanas en la BBC
  5. La librería de Southwold
  6. A la deriva en el Grace
  7. Siguiendo el camino
  8. Una Inocencia Shakespeariana
  9. Personajes y El inicio de la primavera
  10. Fe y ciencia cruzan La puerta de los ángeles
  11. El genio basado en el genio: La flor azul
  12. En palabras propias


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